Otra semana controversial en el arte

Otra semana controversial en el arte
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La Semana del Arte de la Ciudad de México levantó polvareda, implotó cristales en añicos y suscitó numerosas opiniones. Por fortuna, también trajo a la discusión el estado del arte. De las siete grandes exposiciones montadas en 2020, este cronista visitó tres: BADA México, Salón Acme No. 8 y Zona Maco, para ensayar un acercamiento a lo sucedido en la artística semana.

INTERVENCIÓN GRAFITERA

No iniciaba todavía la semana del arte cuando el grafitero clandestino Zombra impuso su tag (signo característico equivalente a una firma) sobre un mural pintado el 29 de enero por la ilustradora estadunidense Sarah Andersen, autora del cómic de internet Sarah’s Scribbles. El mural, ubicado en la calle de Mérida en la colonia Roma, mostraba personajes caricaturescos de ese cómic, pero amaneció con las marcas de Zombra, práctica que lo ha hecho famoso desde hace una década sin que hasta ahora se conozca su identidad. A esta acción los grafiteros la denominan pisada y se toma como una invitación a dialogar en los muros.

Las críticas cayeron sobre el personaje, acusado de vandalizar la obra de una artista invitada por sus patrocinadores a pintar un muro de la ciudad. Los grafiteros apoyaron a Zombra, al destacar el poder del grafiti y su misión cuestionadora. A otros les pareció una farsa para dar fama a los artistas. En un par de días el mural fue restaurado, pues “la obra tenía un revestimiento antigrafiti para eliminar las pintas”, destacó la prensa.

SEDENA Y EL BANCO

La feria de arte BADA México se estrenó en el Campo Marte de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), con el patrocinio de Banco Azteca. Participaron cien artistas en un esquema sencillo y directo: por invitación del comité de selección, los participantes pagaron entre 20 y 30 mil pesos por un espacio de unos tres por tres metros. Ahí mostraron su obra y realizaron ventas con precios fijados por ellos mismos con los interesados, sin inter-

mediarios ni galeristas. La carpa instalada sobre el Campo Marte ofreció mayormente pintura: obra figurativa y neofigurativa, el infaltable pop, réplicas de obras barrocas clásicas intervenidas, mucho óleo, acrílico, acuarelas, dibujos, escultura y fotografías con técnicas distintas. Destacó el espacio dedicado a la impactante obra mixta de Rafael Cauduro. La tendencia a integrar a los patrocinadores otorgó un espacio grande a un fabricante de almohadas, que ofertó sus productos ilustrados con pinturas célebres. Los más satisfechos fueron los artistas que se relacionaron de primera mano con los compradores y negociaron precios accesibles. El éxito promete continuidad, pero es intrigante que la Sedena cediera a Banco Azteca el espacio para esta feria.

EL AUGE DE ACME

El Salón Acme No. 8, en el edificio de General Prim 30, continuó con su apogeo en número de visitantes a la exposición y su tradicional fiesta con DJ y buena barra. Un total de 58 artistas visuales presentó obra contemporánea: instalación, video, objetos, atmósferas, un cuarto de efectos de luz, óleos neofigurativos y abstractos. Yucatán, estado invitado, expuso instalaciones y algunos óleos de una docena de autores. El área Welcome to Fear City mostró obra feminista, críticas a la misoginia, advertencias de los peligros urbanos para las mujeres, recordatorios de los feminicidios, artefactos como macanas, alcantarillas y una animación en video del Ángel de la Independencia luego de ser grafiteado por manifestantes en contra del abuso y el hostigamiento. Estos temas políticos cruzaron

buena parte de la exposición. Acme sigue siendo un salón con mucho aliento experimental y con las puertas abiertas a las prácticas y ejercicios artísticos ignorados por las galerías, lo que le da un aire lúdico, de libertad y estética del que otras ferias carecen.

ZONA MACO

Con alguna queja por la negativa del gobierno de la Ciudad de México de continuar con el apoyo a Zona Maco, la versión 17 de esta muestra arrancó y, desafortunadamente, lo que más llamó la atención fue el affaire de Avelina Lésper, promotora, publicista, crítica, dealer, curadora, periodista, escritora o lo que el lector guste, que se ha ganado el rechazo de muchos artistas plásticos y críticos de arte, quienes demeritan sus posturas por simplistas y conservadoras y acusan una actitud de odio hacia muchos creadores. Por otra parte, en su papel de promotora financiada por el Grupo Milenio, Lésper impulsa obras y artistas, museos y galerías, en una labor acaso molesta para el estatus galerístico. Con todo, se ha distinguido más por sus confrontaciones que por sus aportaciones.

En estos días hizo un recorrido por Zona Maco.  Al intentar poner una lata vacía sobre una obra de cristal de Gabriel Rico, en el espacio de la Galería OMR, la obra colapsó. Según Lésper, fue una mentira “que salí huyendo del lugar, el accidente sucedió cuando la obra implotó. No traté de agredirla ni violentarla. Como una crítica, llevaba una lata vacía de refresco, traté de ponerla sobre una de las piedras, pero la obra explotó”. Agregó que reconstruiría la obra, sólo necesitaba los materiales y las medidas. La galería lamentó la actitud “poco profesional” de Lésper. De ahí se derivaron su linchamiento en redes sociales y las olvidables mil opiniones de la gayola sobre arte contemporáneo. El episodio, accidental pero revelador, remitió a este cronista a Luis Cardoza y Aragón y su aforismo: “El arte es fácil; la crítica, imposible”.