Relatos desde los abismos

Relatos desde los abismos
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Los universos sórdidos y disparatados de los cuentos que integran Despachador de pollo frito se asemejan a la realidad en su forma más perturbadora. Las situaciones y los personajes invitan al lector a permanecer con el estupor o el morbo que generan las pasiones casi inverosímiles de este elenco de personajes marginales.

Humor, miseria, travestismo, sexo anal, comida rápida, enfermedades y sus soluciones cyborg, godínez con sus topers, despachadores de KFC y grasientas cubetas de pollo cruji son algunos de los abismos a los que nos arroja la narrativa cortante de Carlos Velázquez en ésta su quinta entrega de relatos.

La carcajada se convierte en una mueca. La conmiseración que sentimos hacia los personajes se torna en una turbia identificación con los deseos de estos “minusválidos sociales”, término que emplea Velázquez para referirse a los otakus y geeks que acuden como yonquis a una tienda de cómics, pero que funciona también para reconocer a otras de sus creaciones.

Sus cuentos se han adentrado en adicciones y tugurios, pero esta vez dan un giro inesperado: tal vez lo que más sorprende a primera vista sea la escasez de drogas o de las drogas comunes, por lo menos. A excepción de un cholo crico y el alcoholismo de alguno de los protagonistas, las pulsiones y el desenfreno de estos personajes buscan placer y se pierden en nuevos e inimaginables derroteros.

El tono sardónico y la violencia siguen siendo la moneda de cambio en una voz literaria que, como sabemos desde que apareció La Biblia Vaquera, puede bajar a las profundidades de la degradación humana, darse allí un pase de coca y burlarse de sí misma. Desde la crónica y la autoficción literaria, sus personajes han discurrido entre la vida narca a plena luz del desierto en Torreón y la oscuridad de la noche defeña coloreada por letras de neón. En esta nueva entrega, terminales camioneras, estéticas lumpen, McDonald’s y Kentuckys, antros trans, clínicas y oficinas son algunos de los decorados donde los misfits de Velázquez desarrollan sus tramas delirantes.

"Sus cuentos se han adentrado en adicciones y tugurios, pero esta vez dan un giro inesperado: tal vez lo que más sorprende a primera vista sea la escasez de drogas".

El Coronel Kurtz, violento y desquiciado personaje de la película de Francis Ford Coppola, Apocalypse Now, en la memorable interpretación de Marlon Brando, no ha vuelto a ser el mismo desde que Velázquez utilizó su nombre para hablar de su exesposa. Ahora nos encontramos con un gordo voraz que decide cambiarse el nombre a Mr. Bimbo, con una frezapatista que se gana el mote de Princesa Maya por sus ínfulas de activista proindígena y con la Cagona Star, un empleado gay de supermercado que pasa horas  sentado en el trono. El sentido común se mete un ácido en cada página, mientras que la humillación y la ultraviolencia harían sonreír al Alex de la Naranja Mecánica.

AMOR HEDIONDO

Aunque lejos de la solemnidad literaria con que suelen ser tratados temas como el amor, las pasiones, el placer o la soledad, tampoco los excluye. No diré que Despachador de pollo frito es un libro de amor, pero es cierto que aparece en el fondo de sus personajes al margen. Amor al sexo anal, al pollo frito, a la putería, al cine, a Paul McCartney o a travestirse, pero amor a fin de cuentas. Los personajes se vuelven entrañables a través de un acercamiento a sus pasiones más privadas. La sordidez no es una técnica efectista sino una consecuencia previsible de deseos y obsesiones muy particulares.

Sus personajes pueden hallarse inmersos en la persecución internacional de una falsa estrella del rock o disfrazarse de Sailor Moon para dirigir una orquesta regional en Tatahuila, pero están dotados de una tridimensionalidad excepcional, con la que el lector puede reconocerse o al menos entender sus decisiones y deseos más absurdos. Otra particularidad que destaca es una serie de personajes secundarios o hasta de tercer orden que funcionan como catalizadores para entrar al mundo sardónico de Despachador de pollo frito. En “Desnucadero”, donde un godínez decide cortar siempre a sus novias en un McDonald’s, aparece en dos ocasiones un empleado autista que trapea el suelo. En “La vaquerobia del apocalipsis”, La Meneses, personaje principal que trabaja en una salchichonería, etiqueta la pierna de pavo como jamón de puerco para que una viejita, amiga y clienta suya, no pague el precio real de los productos. Estos personajes laterales llenan y enriquecen sus cuentos. La soledad y el hartazgo de sus criaturas aparecen como reflejo de una sociedad aletargada que encuentra su válvula de escape en explosiones violentas y secretos mal guardados.

AGRADECIMIENTO CHILANGO

Los chilangos tenemos una deuda con Carlos Velázquez. No deja de sorprender que una de las mejores aproximaciones literarias actuales a la cedemequis sea obra de un habitante de Putorreón.

Bajo el nombre de Ciudad Godínez, Velázquez ha captado la esencia de una ciudad que no ha perdido su característico olor a perro muerto. Atraído y asqueado por la capital, ha recorrido sus rincones más oscuros y ha vuelto al norte para describirla con crudeza y precisión.