Annabelle 3: viene a casa con clichés

Annabelle 3: viene a casa con clichés
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Luego de sus muy regulares secuelas -El Conjuro 2 (2016)-, además de los fallidos spin off a los que dio origen -Annabelle (2014), La Monja (2018) y La Maldición de la llorona (2019)-, de las que la única rescatable fue precisamente Annabelle 2: la creación (2017), había quedado claro que el universo fílmico creado alrededor de las investigaciones del célebre matrimonio Warren, no funcionaba sin la presencia en los controles del siempre efectivo James Wang -Aquaman (2018)-, incluso aunque este se mantuviera como productor.

Así que para la tercera entrega de la que se ha convertido en una de las principales protagonistas de la saga, el debutante director Gary Dauberman, decide evitarse cualquier tipo de problemas y apuesta por aderezar el terror con un poco de humor y acercarse al estilo de producciones ochenteras tipo Evil Dead (1981) o La Hora del Espanto (1985), aunque  sin el encantador descaro que las distinguía, debido a que nunca se decide a llevar el concepto hasta sus últimas consecuencias conformándose con apenas hacer funcionar el mecanismo básico de la propuesta.

Es así que en Annabelle 3: Viene a Casa, nos encontramos con los rasgos característicos de este tipo de cine, incluida una joven niñera, quien junto con su imprudente amiga, debido al viaje que el ya mencionado matrimonio debe hacer, se queda a cargo de la hija de estos, teniendo que enfrentar a un montón de espíritus y demonios que prácticamente funcionan de forma coral, impulsados por la maldad de la dichosa muñeca del título, que convierte el lugar una verdadera casa de los sustos.

Por supuesto la búsqueda de sobresaltos que hagan brincar al espectador no se hacen esperar, cayendo en la literalidad dentro de una trama por demás predecible, que solo acierta a ofrecer situaciones entre simpáticas y entretenidas, sobre todo por cortesía del consabido joven enamorado al que se le ocurre visitarles en la peor de las noches, convirtiéndose en el secundario gracioso.

Hay que reconocer que el desarrollo es ágil, el objetivo es claro y la estructura se sostiene, haciendo que en términos generales la propuesta funcione en el sentido de que no se tome demasiado en serio, que resulte entretenida, a veces divertida y hasta le ofrezca una bocanada de aire fresco a la franquicia. Sin embargo su renuncia a provocar verdadero miedo y apostar por la fórmula de los vehículos de terror juvenil casi serie b, con un tratamiento mediocre, le pone muy por debajo de la celebrada El Conjuro, que iniciara todo allá por el 2013 y de la que se espera la tercera parte.

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abg