Armstrong el virtuoso de los solos y la improvisación en el jazz

Armstrong el virtuoso de los solos  y la improvisación en el jazz
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Fue hasta después de su muerte cuando se supo la verdadera fecha de nacimiento del padre del jazz Louis Armstrong. Él quiso que su natalicio coincidiera con el aniversario de la independencia de Estados Unidos y con el estreno de un nuevo siglo, lo celebraba el 4 de julio de 1900. Sin embargo, nació un 4 de agosto de 1901, según lo constató un documento de la iglesia del Sagrado Corazón de Nueva Orleans.

A 115 años de su nacimiento, la música y el legado del virtuoso de la trompeta y la improvisación, se resiste a quedar en el olvido. Sigue siendo influencia de jóvenes instrumentistas y sus temas permanecen en el repertorio de los fanáticos de este género.

Y es que Armstrong, el chico que se crió en un barrio pobre de Nueva Orleans y que a los 12 años huyó de la policía, pistola en mano, hasta ser recluido en un reformatorio para niños abandonados donde aprendió a tocar varios instrumentos, entre ellos, la trompeta, supo destacar de tal forma que ahora el jazz no se entendería sin él: impuso los solos y la improvisación.

“A partir de Armstrong vienen muchas cosas que hoy son una característica e incluso que son parte endémica del jazz, como los solos, antes de él no eran comunes ni mucho menos importantes”, destaca Erik Montenegro, especialista en jazz, en entrevista con La Razón.

Siempre quiso sobresalir, por ello cuando se incorporó como segundo cornetista a Creole Jazz Band, la banda de su mentor Joe King Oliver, vio la manera de superar al maestro que lo protegió casi como un padre, luego de que Armstrong pasara de vendedor de carbón y repartidor de leche, a músico.

“Estuvo mucho tiempo en la banda de King Oliver, Louis era segunda trompeta, esto para un músico con las inquietudes de él era el peor escenario; sin embargo, aprovechaba algunos momentos para hacer sonar su instrumento; incluso en algunas grabaciones destaca sobre la de King Oliver,”, destaca Montenegro.

De tal forma que hoy el “jazz no se entendería sin los solos que él introduce”, afirma. Otra de las aportaciones del intérprete de “Hello, Dolly!” fue la improvisación con el instrumento, que obligó a las siguientes generaciones a estudiar y a especializarse, es decir, dejar de ser “bandas como de feria o de kiosko”, resalta Montenegro, quien durante tres años fue director de la emisora

Horizonte 107.9 FM.

“Si hablamos de un antes y un después, antes de Armstrong, son bandas muy importantes que están acostumbradas a tocar en conjunto. Después de Louis se entiende el jazz de hoy porque gracias a él tenemos estos solos instrumentales llenos de técnica y creatividad desbordada”, subraya.

Y finaliza: “Gracias a él tenemos esta forma vocal que desarrolla como un sello a la hora de cantar, que pone en sintonía voz e instrumento: el scat”.

Influencias en México. Louis Armstrong es un referente obligado para todo intérprete de este género, para el pianista y compositor mexicano Esteban Herrera y el fundador de la Orquesta Nacional de Jazz de México, Gerry López, no

es la excepción.

“Es mucha la influencia, al final de cuentas estamos hablando de un exponente que tuvo todos los reflectores hacia él, y que luego va a trascender por el trabajo que hizo. Tuve la fortuna de iniciar mi carrera como jazzista a partir de escuchar muchas piezas interpretadas por Armstrong”, asegura en entrevista con este diario, Esteban Herrera.

Por su parte, Gerry López, asegura que el músico, “es una inspiración en la cual me he basado para imitar la forma en que interpretaba, en la que desarrollaba sus solos”.

“Para mí y también lo dice la historia, fue uno de lo primeros grandes improvisadores, tenía una lógica muy particular en la forma de crear melodías, el creó el lenguaje que después se tradujo al swing, y que casualmente se está retomando en las nuevas generaciones del mundo”,

concluye.

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Boca de cazuela

La primera concepción que tengo del jazz es una foto de Louis Armstrong (Nueva Orleans, 4 de agosto, 1901-Nueva York 6 de julio, 1971): yo era niño, me paraba todos los días, al regreso de la escuela en mi ruta a casa, en la puerta del Conservatorio de Música Laureano Fuentes de mi pueblo natal, Guantánamo, Cuba. Me gustaba escuchar la algarabía de los distintos instrumentos repitiendo los mismos acordes una y otra vez. En el salón de la entrada de la casona, sede del conservatorio, colgaba la foto de un negro de ojos saltones tocando la trompeta, se leía al pie: ‘Satchmo, gran trompeta de jazz norteamericano’. Cada vez que escuchaba la expresión yjas evocaba el retrato de Armstrong descubierto en la infancia. Jazz: Nueva Orleans. El líder de Hot Five y Hot Seven —dos agrupaciones concluyentes en la crónica de la música afroestadounidense de los años 20 del siglo pasado— nació en el delta del Misisipi. Tocar no es soplar, formuló el pionero de la modernidad sincopada. “En cuanto te pones a silbar con la trompeta, con cualquier instrumento de viento, te das cuenta que de esos intentos nada podrá salir que Louis no haya hecho ya”, decía el más grande trompetista del jazz moderno, Miles Davis. En qué consiste la genialidad del intérprete de “You Go to My Head”: enalteció la improvisación a crestas insospechadas, dándole al jazz el impulso que le permitió suscribirse en los catálogos más exigentes del arte musical. Ejecutaba cada nota con el ataque, duración, altura, intensidad, timbre y tono precisos: figuraciones de conmoción inmediata. Cada fraseo en la lógica de una expresión de perfecto colorido. Todo lo aprende del padre espiritual del jazz hot, King Oliver, quien lo instruye en los secretos de la corneta. Pronto el discípulo eclipsará al maestro. Fumador de mariguana excedido, mantuvo una rígida disciplina entre sus músicos: “Nunca fumar antes de la presentación”. La trompeta sale rumorosa por las ventanas. Decido escuchar el álbum Louis for Lovers: Armstrong está escoltado por el pianista Oscar Peterson, el contrabajista Ray Brow, el guitarrista Herb Ellis y el batería Louie Bellson: “Sweet Lorraine”, “Home”, “¿What’s New? y “Let’s Do It” me columpian. Las pronunciaciones compasivas y nostálgicas del hijo de Luisiana protagonizan instantes sugestivos, que la mañana mastica en su anublada presencia. Prosigo el viaje por Dixieland (“Basin Street Blues”, “Weary Blues”, “Tin Roof Blues”…). Anclo en Ambassador Satch y Satchmo serenades. Un swing tentador rumia sobre las continuidades del tiempo: Boca de cazuela canta y toca clarines con incurable glotonería: la alegría de vivir en la prosodia de una trompeta.

Carlos Olivares Baró