Los extremos de las candidaturas independientes

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Los partidos políticos son importantes. Tienen una función fundamental que es delimitar el espectro político izquierda, centro y derecha que todos identificamos. Son una especie de marca que facilita la transmisión de información al electorado del cual carecen los candidatos independientes.

Tradicionalmente las gubernaturas, las legislaturas y las alcaldías son disputadas por el PRI, el PAN y el PRD. Ante la ausencia de mecanismos como la reelección o la revocación de mandato, los partidos políticos han funcionado como contrapeso de los gobernantes. Si un alcalde aspira a una gubernatura debe alinearse a lo que su partido le indica, de otra forma no obtendria el apoyo de su partido en la candidatura a gobernador. El caso de José Luis Abarca, presidente municipal de Iguala, evidencia que este contrapeso opera deficientemente y que sus consecuencias llegan a ser aterradoras.

Las candidaturas independientes al librarse de la estructura partidista carecen o se libran de este contrapeso. Son nuevas opciones que aparecen dentro de nuestro panel y eso en democracia se agradece. El problema es que si uno aprecia su voto como un motor de cambio, de castigo o de elección, ninguna de estas opciones, salvo contadas excepciones, es atractiva o efectiva.

Dadas las estructuras partidistas tradicionales y como se distribuyen los escaños de representación proporcional, un candidato independiente a legislador estaría obligado a negociar o sumarse a las iniciativas de los partidos tradicionales que tanto critica. El no hacerlo significaría vivir tres años como un fantasma dentro de los Congresos, se traduce en un voto de celofán y discursos de ruido blanco en el teatro legislativo. El caso de los gobernadores es aún más trágico. En caso de que algún candidato independiente consiga el apoyo popular para ocupar una gubernatura se enfrentará a un Congreso local sin puertas ni ventanas. No representaría a nadie.

Claro, las candidaturas independientes nacen para hacerle frente a estas condiciones. El lograrlo o no, depende del tiempo o de las características que oscilan entre lo carismático y lo demagógico. La aparición de personajes entrañablemente carismáticos, amantes de las multitudes y con convicciones infranqueables, puede ser una opción seductoras que en campaña puede ser esperanzadora, pero en el poder delicada. Las candidaturas independientes son una opción interesante y necesaria pero que, con la regulación actual y sin el contrapeso partidista, dejan la puerta abierta a personas que son independientes de los partidos pero que podrían serlo también de los ciudadanos. Debemos conciliar los extremos, el objetivo de tener candidaturas independientes es contar con gobernantes y representantes con dientes, no chimuelos o colmilludos.