Domingo 12.07.2020 - 17:11

Por “infiel” la golpean, pierde bebe y va presa

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Por:

Foto Notimex

Ser abandonada por Claudio, su esposo, fue el primer episodio en la tragedia de Adriana Manzanares Cayetano, una mujer tlapaneca de un poblado en Ayutla de los Libres, Guerrero. Un episodio que derivó en golpes, humillaciones, un aborto involuntario y al final una sentencia de 22 años de cárcel por “homicidio en razón de parentesco”.

Y es que ante la ausencia de su marido, quien emigró a Estados Unidos y no tuvo contacto “por años” con ella, Adriana se enamoró y se embarazó de otro hombre.

En ese momento inició su calvario: su esposo regresó a Camalote, como se llama la comunidad, para “castigarla” por la “infidelidad”: la golpeó y enteró a los habitantes del pueblo que la mujer estaba encinta. Antes de regresar a Estados Unidos se dirigió con Adriana a la casa de sus suegro para que la siguiera castigando.

Por las golpizas, la desnutrición y la falta de atención médica ante su embarazo, a los siete meses de gestación expulsó al bebé. Fue un aborto natural.

Con miedo, guardó el cuerpo de su hijo en una bolsa de plástico y al día siguiente buscó a Virgilio Cruz, su enamorado y padre del niño, para decirle lo que había pasado; después ambos decidieron enterrar el cuerpo en la montaña.

Al día siguiente, don Modesto Manzanares, se percató de que su hija ya no estaba embarazada y le exigió saber el nombre de su pareja para que también fuera castigado, pero ella se negó, por lo que fue llevada ante el comisario acusada de infidelidad y de matar a su hijo.

Un par de campanadas llamaron a la comunidad a la comisaria, donde fue insultada en me’phaa, su lengua natal tlapaneca, golpeada por su padre, cacheteada por las mujeres y escupida por los hombres para que después de horas, cediera y dijera el nombre de Virgilio. Ambos fueron obligados a dar la ubicación del cuerpo del niño que habían enterrado.

Para tener certeza de que su hijo había nacido vivo y que ella lo había asesinado, las autoridades de su comunidad cortaron los pulmones del cadáver del bebé en cuatro, los dejaron caer en agua y al flotar consideraron que alguna vez habían respirado.

Después de la golpiza y la humillación, llegó un Ministerio Público que sólo hablaba español y que se limitó a escuchar las explicaciones del comisario, del padre y de la comunidad.

Adriana no tuvo acceso a un traductor así que sólo firmó los papeles de su declaración que decían que había tirado al niño de cabeza después de tenerlo, por lo que fue sentenciada a 22 años de prisión por homicidio en grado de parentesco.

El pasado miércoles, la Suprema Corte amparó a Adriana.

Obtuvo la libertad a las cuatro de la tarde con 20 minutos. La mujer, de ahora 27 años, sólo piensa en ir por sus hijos a su poblado para después buscar un nuevo lugar para vivir, pues ya no puede regresar a residir ahí.