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Sábado 16.01.2021 - 12:37

Sicario #1 de Escobar muere solo y con cáncer

Sicario #1 de Escobar muere solo y con cáncer
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La era del narcoterrorismo que estremeció Colombia en las décadas de 1980 y 1990 no termina de ser un doloroso capítulo para un país que se esfuerza por hallar la paz en la reconciliación. Ayer, el temido exjefe de sicarios del famoso narcotraficante, Pablo Escobar (muerto en 1993), Jhon Jairo Velásquez, murió, en la soledad de su reclusión, a la que volvió en 2018, después de que salió libre a convertirse en una estrella de televisión.

Velásquez, también conocido por su alias, Popeye, murió a los 57 años de cáncer de esófago, después de una dura agonía de 37 días que para muchos colombianos fue la forma de pagar por los más de 3 mil 300 asesinatos que perpetró y/o coordinó, bajo el mando de Escobar, según fuentes judiciales del país cafetalero.

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Popeye cumplió una condena de 24 años de prisión por homicidio, robo, y secuestro, pero en 2014 recuperó su libertad. Desde entonces se dedicó a ser el villano que se jactaba de contar su historia a quien quisiera escucharlo; escribió algunos libros y abrió un canal en YouTube.

"Popeye fue asesino, youtuber, cuentero, mitómano, agitador, incendiario, protagonista de una época en la que dormíamos y despertábamos con miedo a morir despedazados por una bomba. Mató aquí y allá por dinero, y luego convirtió en negocio el relato verboso de sus crímenes", escribió el escritor colombiano Alberto Salcedo Ramos en su cuenta Twitter, tras conocerse su muerte.

Explicarse cómo un capo asesino logra salir de la prisión después de admitir todos sus crímenes y saltar a la fama entre las nuevas generaciones en Colombia es apenas lógico, en palabras del periodista colombiano César Augusto Montoya.

"Aún recuerdo los toques de queda, los carros bomba, los muertos… Los más jóvenes no comprenden lo que muchos vivimos de primera mano, por eso buscan respuestas de donde tienen acceso –las series, las películas, los libros…– para tratar de entender lo que pasó en Colombia”

César Augusto Montoya

Periodista colombiano

En entrevista con La Razón, el locutor radicado en la ciudad de Medellín, cuna del temible Pablo Escobar, considera la fama de Popeye responde más a la necesidad de respuestas del pueblo colombiano, que al hecho de darle una inmerecida reivindicación.

“Nací en 1983, aún recuerdo los toques de queda, los carros bomba, los muertos constantes. Los más jóvenes no comprenden lo que muchos vivimos de primera mano, por eso buscan respuestas de donde tienen acceso –las series, las películas, los libros…– para tratar de entender lo que pasó en Colombia”, consideró.

Toda esta necesidad de conocer la historia “llevó a Popeye a convertirse en una estrella. Al no estar Pablo Escobar, ese legado del narcoterrorismo, la figura más cercana que quedaba era él, Jhon Jairo Velásquez”, agregó Montoya.

El presentador de radio acota, no obstante, que a pesar de que no se pueda negar la historia y que por ende no se pueda negar que Velásquez y Escobar formaron parte de la historia colombiana, no se puede justificar todo el sufrimiento que infringieron.

El experto de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Javier Oliva Posada, condenó que un sicario de la talla de Velásquez tenga reconocimiento mediático.

“Respeto mucho el trabajo de las personas que hacen televisión, pero las series tan repugnantes y denigrantes como “Narcos” (contenido original de Netflix) son en buena parte responsables de la apología del delito y de la violencia”, compartió a La Razón.

“Hay que decir que este asesino murió en prisión, porque después de salir volvió a delinquir. Alguien como él no debe tener esa fama inmerecida, por su actitud despiadada contra la sociedad”, agregó.

En este tema, Montoya opinó que “la culpa no es del payaso sino de quien lo aplaude”. Las historias del narco “no pasan desapercibidas para un sector de la ciudadanía colombiana que siempre ha encontrado aquí una manera de identificarse”.

La muerte del narcotraficante colombiano sacó a relucir la polarización del país, que vive en un proceso de pacificación y que aún se debate en distinguir si esos capos fueron más villanos o fueron más héroes.

La declaración del comandante del Ejército colombiano, Eduardo Enrique Zapateiro, da cuenta de esto. En una rueda de prensa, ayer, externó sus condolencias a la familia de Popeye. "Hoy ha muerto un colombiano. Haya pasado en su vida lo que haya pasado, somos seres humanos y somos colombianos", dijo ante los reporteros.

Más tarde, después de recibir severas críticas, matizó sus comentarios en Twitter y agregó que "conociendo su accionar delictivo y el dolor que le ha causado al pueblo colombiano, cuyas cicatrices aún no han sido sanadas, mi única consideración y la institucional es con las víctimas. Continuaremos la ofensiva contra este flagelo".

Zapateiro fue un motivo para reflexionar el valor de las víctimas, comentó César Montoya, “pues en todos estos años no hemos visto a ningún miembro del Ejército mostrar duelo por las miles de personas que murieron por el narcoterrorismo”.

El 25 de mayo de 2018, "Popeye" fue recapturado por las autoridades colombianas en Medellín, acusado de los delitos de concierto para delinquir y extorsión. Estuvo preso en la cárcel La Picota, al sur de Bogotá, hasta antes de ser enviado al hospital.

Por encargo del propio Escobar, a quien dijo haber conocido en 1980, "Popeye" disparó o coordinó las emboscadas contra líderes colombianos que le resultaban incómodos al jefe del Cartel de Medellín.

Escobar murió a manos de la policía el 2 de diciembre en 1993. A su paso cayeron caciques políticos, magistrados, periodistas y miembros de la fuerza pública.

Según las autoridades colombianas, "Popeye" encabezó el secuestro y posterior asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos en 1988. Ese mismo año mantuvo secuestrado una semana a Andrés Pastrana, entonces director de un noticiero de televisión y quien luego fuera presidente del país (1998-2002).

A "Popeye" también se le responsabilizó de planear la explosión en pleno vuelo del vuelo 203 de Avianca en 1989. El Cártel de Medellín dio la orden de volarlo porque creía que a bordo viajaba César Gaviria, entonces candidato presidencial.

El jueves por la tarde, Gonzalo Rojas, uno de los líderes de Colombia con Memoria, fundación conformada inicialmente por las familias víctimas del atentado al avión, dijo a un periódico local que la muerte de este criminal "deja un sinsabor en las familias de las víctimas del narcoterrorismo" en el país porque con él "se perdió uno de los pocos testimonios visibles que pudieron ayudar a esclarecer los crímenes del cartel de Medellín".