Cuando Kavak irrumpió en 2016 como una plataforma digital para la compra-venta de autos seminuevos, fundada por Carlos García Ottati, su hermana Loreanne García Ottati y Roger Laughlin, la narrativa dominante fue la de un unicornio mexicano que transformaría un mercado fragmentado. Su primer modelo de negocio, nacido de una experiencia personal de venta complicada, prometía eficiencia, transparencia y una alternativa digital a los canales tradicionales.
Para 2021, el fantasma de esa promesa se consolidó: la compañía alcanzó una valoración de 8,700 millones de dólares, colocándola como la startup de mayor perfil en América Latina y uno de los símbolos del auge tecnológico de la región. Sin embargo, la decadencia que ahora se observa no llegó de la noche a la mañana, sino como resultado de decisiones estratégicas mal calibradas y una incapacidad para sostener un modelo de crecimiento acelerado con fundamentos sólidos de servicio. En abril de 2025, la valoración de mercado de Kavak se desplomó a 2,200 millones de dólares, una pérdida de 6,500 millones que exhibe una devaluación de más del 75% desde su pico máximo, según información reproducida por medios como Bloomberg.
Ese derrumbe no es mero dato contable: refleja dudas de los inversionistas sobre la capacidad de la empresa para consolidar rentabilidad y sostener un modelo de expansión internacional que, hoy por hoy, parece haberse vuelto insostenible. Parte de esa caída se debe al propio ritmo de su expansión. Tras anunciar operaciones en mercados como Argentina, Colombia, Perú y Brasil, Kavak se vio obligada a cerrar operaciones en Colombia y Perú y concentrarse en su mercado más sólido, México, que representa aproximadamente 60% de su negocio. Ese repliegue operativo se traduce en un cortocircuito entre las expectativas de un unicornio global y la realidad de un negocio que no ha demostrado estabilidad financiera anual completa. A pesar de que la empresa ha señalado un plan para alcanzar rentabilidad en 2025, ese horizonte sigue sin materializarse de manera contundente, y muchas voces del sector tecnológico cuestionan si ese objetivo es realista sin ajustes profundos a la estrategia de ingresos y costos.
A ese diagnóstico se suma un factor sensible: la reputación. En México, Kavak, que comanda Juan Cruz de la Rúa, ha enfrentado una ola de quejas y denuncias por mal servicio, fallas en la entrega de autos, problemas con financiamientos y atención al cliente. Aunque organismos como la Profeco, de César Iván Escalante, mantuvieron en el pasado su certificación pese al incremento de quejas, no se ha logrado contrarrestar la percepción pública de una marca que defraudó expectativas. En un mercado que apostó por la promesa de transparencia y simplicidad digital, la acumulación de quejas y la percepción de mala gestión del servicio erosionan la confianza que en su momento fue uno de los activos más valiosos de Kavak.
El resultado es lo que puede leerse hoy: una empresa que desde fuera parecía invulnerable y que ahora muestra señales de vulnerabilidad estructural. La caída en valor de mercado, la reconfiguración de operaciones y los cuestionamientos sobre su propuesta de valor no son hechos aislados; forman parte de un patrón que sugiere que la “decadencia anunciada” no fue casualidad, sino consecuencia de una mezcla de sobreexpansión, errores de servicio y una narrativa de crecimiento que se enfrascó en métricas de escala, sin construir una base firme de satisfacción y fidelidad del cliente.
Aulas que sostienen. La Escuela Judicial Electoral, del TEPJF, refuerza su papel como pilar silencioso del sistema democrático al ampliar su oferta académica con 37 posgrados y un posdoctorado activo en 2025. El dato no solo habla de volumen, sino de una estrategia clara: formar cuadros especializados en derecho electoral, constitucional y ciencia política desde una institución pública que entiende la justicia electoral como función técnica y responsabilidad social. En tiempos de polarización, la profesionalización resulta un activo escaso y necesario. La matrícula y la diversidad de programas confirman esa vocación; maestrías consolidadas, nuevas generaciones en derechos humanos, y un doctorado enfocado en la materia electoral, construyen una ruta de especialización que pocos espacios ofrecen. La participación internacional en el posdoctorado y la gratuidad de los programas refuerzan una idea central: la democracia también se defiende con formación pública, acceso abierto y contenidos rigurosos.
Voz en off. En un año marcado por la cautela, la industria del plástico representada por la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac), que preside Benjamín del Arco, logra cerrar 2025 con una señal que no pasa desapercibida, al registrar un crecimiento en medio de la incertidumbre del 2.5%, lo que representa alrededor de 3 mil 200 millones de pesos. No es un dato menor para un sector que opera entre presiones económicas, ajustes regulatorios y una agenda comercial que comienza a tensarse rumbo a 2026. Desde su amplia presencia en las cadenas productivas hasta su peso en industrias clave, el plástico sigue siendo un componente esencial en más del 80% de los sectores productivos. El liderazgo del envase y embalaje, junto con el avance moderado de sectores como el automotriz, la electrónica y la construcción, dibuja un panorama de estabilidad contenida para el sector rumbo al 2026, donde también estará alerta a la revisión del T-MEC...