APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

México y Chile: gramáticas de la solidaridad

Elementos de la Marina cargan los dos buques con ayuda humanitaria para Cuba Foto: Especial

Hasta el momento de escribir esta columna los dos únicos gobiernos de América Latina y el Caribe que han decidido enviar ayuda humanitaria a Cuba son el de México y el de Chile. Podrían aventurarse un sinnúmero de resortes ideológicos, afectivos e históricos para explicar esas decisiones, pero tal vez convenga pensarlas más estrictamente como operaciones políticas, que intentan responder a varias presiones a la vez.

En el caso de Chile, la decisión se toma a unas semanas de que Gabriel Boric deje la presidencia y luego de que su figura fuera acremente cuestionada por sectores de la izquierda latinoamericana partidarios de los regímenes de Venezuela y Cuba. En los medios y redes bolivarianas, a Boric se le han reprochado siempre sus críticas a la falta de democracia en esos países, pero también su incapacidad para impedir el triunfo de José Antonio Kast en las pasadas elecciones.

El propio Partido Comunista de Chile, cuya candidata Jeannette Jara fue derrotada en la contienda, ha hecho esos reparos a Boric, aunque forma parte de la coalición de gobierno. El presidente responde a esa presión con este gesto final de ayuda humanitaria a Cuba, sin desdecirse de sus críticas, y, a la vez, proponiendo que la ayuda sea distribuida a través de la Unicef y no por medio de un acuerdo bilateral de gobierno a gobierno.

En México, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha dado prioridad a la ayuda humanitaria a Cuba después de la orden ejecutiva de Donald Trump del 29 de enero, por la que se cierra el sitio petrolero contra la isla. El tema incomoda a las bases procubanas de Morena y la 4T, pero lo cierto es que México también forma parte de ese cerco energético, al suspender tanto sus envíos contractuales desde Pemex como su suministro de combustible a la isla por razones humanitarias.

Para enfrentar la presión de esas bases, la Presidenta ha ordenado una serie de envíos de ayuda humanitaria por barco que, espectacularmente, se presentan como un desafío al bloqueo energético de Trump, pero que en la práctica sólo contribuyen mínimamente a contrarrestar el desabastecimiento de productos básicos. La parálisis parcial del país, como consecuencia de la falta de combustible o de la única disposición de combustible nacional, que abastece menos del 40% de los servicios, no puede evitarse con esas ayudas humanitarias.

A diferencia de Gabriel Boric en Chile, la Presidenta Sheinbaum coordina esa ayuda humanitaria bilateralmente con el gobierno de La Habana y su embajada en México. También reitera su ofrecimiento de mediación entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, a pesar de que el vicecanciller de la isla, Carlos Fernández de Cosío, en entrevista con La Jornada, desestimó una mediación mexicana. Como exponen Peter Kornbluh y William LeoGrande en su libro Back Channel to Cuba (2014), el gobierno cubano prefiere manejar su viejo conflicto con Estados Unidos directamente con Washington.

La oferta de negociación de la Presidenta Sheinbaum es otra jugada de equilibrio que reitera su disposición a la buena relación con Estados Unidos, a pesar de su rechazo a la máxima presión sobre Cuba. En ciertos niveles de la compleja comunidad diplomática y de inteligencia de Estados Unidos, la ayuda humanitaria de México a Cuba no necesariamente sería negativa o vista como una señal de desacato o deslealtad.

No parece ser de consenso, en esa comunidad, que haya efectos incontrolables de esta presión como podrían ser un estallido social, una guerra civil o un éxodo masivo. Puede haber apoyos a esos escenarios o a otros parecidos, que intensificarían la posibilidad de una intervención militar, en sectores legislativos e, incluso, gubernamentales del Partido Republicano. Pero, por ahora, no se ve como el desenlace preferido de la administración Trump e, incluso, del Departamento de Estado. Es ahí que la posición de México se vuelve funcional para Washington.

Temas: