El tema del agua en Guadalajara interesa a todo México. Muchos periodistas resumen la crisis atribuyéndola a un capricho del expresidente López Obrador que aprobó reducir la capacidad de la presa El Zapotillo. Recordemos que el proyecto original amenazaba con inundar tres pueblos de Los Altos de Jalisco: Temacapulín, Acasico y Palmarejo.
Durante años, sus habitantes protestaron y fueron a los tribunales para defender sus viviendas y sus parcelas. López Obrador se comprometió con ellos a que, si llegaba a la Presidencia, no dejaría que fueran inundados.
Cierto, AMLO cumplió la palabra empeñada ante tres pequeñas localidades rurales y ello repercute en millones de habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara, lo que no se dice es que actuó avalado por la nueva tendencia mundial de dejar de construir grandes presas. Entre 1950 y 2000, se construyeron decenas de miles de represas gigantescas en el mundo, pero hace 25 años que se detuvo abruptamente la tendencia que había secado bosques y mermado la biodiversidad hasta niveles que ponen en peligro a la humanidad. Busca, lector, fotos del extinto delfín del río Yangtze, animal venerado en China que fue, paradójicamente, aniquilado por las represas en el siglo XX.
Sí, AMLO usó la infraestructura construida en El Zapotillo para dejar una presa mucho más pequeña que la prevista originalmente, pero se previeron medidas compensatorias. El principal motivo de la crisis de la calidad del agua en Guadalajara es la negligencia de las autoridades locales que no construyeron el nuevo acueducto Chapala-Guadalajara que renovaría el sistema de aguas.
El problema urgente es este último, la mala calidad del agua que llega por el sistema antiguo de conducción desde el lago de Chapala. Las descargas irregulares en el canal de Las Pintas contaminan el líquido que pasa por la presa del mismo nombre y llega a la planta potabilizadora de Miravalle, una instalación de 1956 cuya infraestructura requiere modernización.
Por eso se propuso, y nuevamente se planea, construir un acueducto sustituto Chapala-Guadalajara. Al conducir el agua por una infraestructura cerrada, sin exponerla a los tramos más vulnerables a la contaminación, se busca mejorar su calidad, reducir pérdidas y ahorrar electricidad. Mientras tanto, hacen falta medidas de emergencia (el tandeo), pero también inspeccionar y sancionar las descargas ilegales y sanear los canales.
Las protestas por la mala calidad del agua son legítimas. Las protestas de los pueblos de Temacapulín, Acasico y Palmarejo también eran legítimas. Los periodistas deben contar la historia completa, en vez de aprovechar para manipular a la opinión pública en año electoral.
¿Ante las futuras sequías en el Valle de México, también culparán a la falta de ampliación del sistema de presas Cutzamala?
El reto ahora consiste en garantizar agua suficiente y segura sin convertir a las comunidades rurales y a la biodiversidad en víctimas sacrificables. Ni las ventanas de una presa, ni el agua turbia que sale de la llave en una ciudad deberían utilizarse como armas de desinformación. Recibir educación ambiental también es nuestro derecho.