MARCAJE PERSONAL

El INE y la lección de 1994

Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

En la ya amplia serie de errores autoinfligidos, el INE tiene un papel destacado. Lo que ocurrió, su degradación, no fue producto de una crisis política, sino de una acción deliberada. Lo que hay es lo que se quería, pero está dejando de ser útil incluso para sus promotores. En otros momentos se enfrentaron circunstancias complejas, pero hubo el talento y, muy relevante, voluntad para construir acuerdos que dieran legitimidad a las instituciones.

En 1994, las cosas pintaban mal. El año inició con el levantamiento zapatista y tres meses después sería asesinado Luis Donaldo Colosio, el entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República.

La disyuntiva radicaba entre la cerrazón y la apertura. Ante episodios de violencia, había voces e intereses que pugnaban por una solución de fuerza.

Por fortuna, lo que se impuso fue una visión de largo plazo, con una negociación inmediata con el EZLN, pero también con el establecimiento de garantías para la elección que se realizaría en agosto de ese año.

La llegada de Jorge Carpizo a la Secretaría de Gobernación y, por ende, a la presidencia del entonces Instituto Federal Electoral (IFE) resultó toral en la determinación de avanzar con una lógica democrática.

Se optó por la conformación de un Consejo Ciudadano que diera garantías a los partidos y, en particular, al PAN y PRD. Los priistas llegarían a quejarse, con el propio Carpizo, de que la alineación no era la que hubieran querido.

Pero al IFE llegaron Santiago Creel, Miguel Ángel Granados Chapa, José Agustín Ortiz Pinchetti, Ricardo Pozas Horcasitas, José Woldenberg y Fernando Zertuche Muñoz.

Cada uno de ellos tenía una larga trayectoria que generaba confianza. Es más, si nos atenemos a lo que ocurrió con el paso del tiempo, queda muy claro que estaban lejos de la órbita oficial y sí cerca de la sociedad civil y de las oposiciones.

La clave era generar confianza y eso sí se logró, aunque todavía faltaba un gran trecho de reformas por recorrer.

El secretario Carpizo negoció cada aspecto de la organización electoral y tuvo la fortuna de que sus contrapartes fueran Carlos Castillo Peraza y Porfirio Muñoz Ledo, en lo que respecta al PAN y al PRD; en la esfera del entonces partido oficial contó con el respaldo, sobre todo, de María de los Ángeles Moreno, Beatriz Paredes y José Francisco Ruiz Massieu.

No fue un proceso sencillo, en particular porque la historia electoral estaba llena de episodios lamentables y de fraudes de todo tipo.

Han pasado más de 30 años de esa historia, pero tiene actualidad, porque cuando hay voluntad política, se pueden corregir los errores y dar pauta a soluciones de consenso.

El problema es que el diálogo no es lo que ahora impera, y desde el poder creen que no requieren de más respaldos que los suyos; se equivocan, y a gran escala, porque el INE requiere del respeto de todos los involucrados.

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