Miércoles 21.10.2020 - 13:31

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Gabriel Morales Sod

De cara a noviembre: los demócratas ponen el conflicto racial en el centro

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

Gabriel Morales Sod
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Por:

Desde el movimiento por los derechos civiles en la década de 1960, y el asesinato de Martin Luther King en 1968, no ha habido un momento tan tenso en las relaciones raciales en Estados Unidos como el que estamos viendo estos días.

La fricción ha llegado a tal extremo que en tan sólo una semana tres personas fueron asesinadas en la turbulencia de las protestas a raíz del asesinato de Jacob Blake –quien muriera en manos de un policía que le disparó siete veces cuando Blake se encontraba de espaldas intentando entrar en su coche. En Wisconsin, un activista de extrema derecha de tan sólo 17 años salió armado a las calles y disparó en contra de manifestantes, matando a dos. En Portland, un seguidor del presidente Trump murió de un disparo de bala en medio de un rally en favor del presidente –aún no se sabe de dónde provino el disparo.

Es así como Estados Unidos llega a las elecciones de noviembre: con una pandemia fuera de control, una crisis económica profunda y un conflicto en torno a las relaciones raciales que en algunos momentos parece una especie de guerra civil de bajo calibre. En las dos elecciones después de la aparición del movimiento Black Lives Matter (BLM), Obama y Clinton, con la mayoría de la opinión pública en contra del movimiento, decidieron dejar el conflicto racial fuera de su agenda electoral. Sin embargo, las condiciones para esta elección son distintas. En uno de los cambios de opinión pública más impactantes de las últimas décadas, en el punto más álgido de las protestas (días después del asesinato de George Floyd), 75 por ciento del país apoyaba el movimiento. Aunque estos números han disminuido, el día de hoy, la mayor parte del electorado estadounidense reconoce que el país enfrenta un problema de racismo sistémico y violencia policial injustificada en contra de los afroamericanos.

Es por esto que, en lugar de huir del tema, la campaña de Biden, perdiendo el miedo de las campañas anteriores, decidió poner el tema en el centro de su agenda. No es coincidencia que Kamala Harris, una mujer negra, sea la candidata a la vicepresidencia del país. A pesar de que el récord de Biden no es perfecto, el exvicepresidente es muy popular entre los electores afroamericanos, particularmente entre los mayores de 50 años –electores que le otorgaron la victoria en la primaria demócrata. Haciendo uso de su estatura política en la comunidad a raíz de su papel como vicepresidente de Obama, Biden se ofreció esta semana, en uno de sus mejores discursos, como el conciliador que su país necesita para salir de la crisis social en la que se encuentra. Con Harris a su lado, convertida en vocera de su campaña, por una reforma judicial y otros asuntos relacionados con la desigualdad racial, Biden y los demócratas esperan no sólo atraer a los afroamericanos a las urnas, sino convencer a los electores de centro, esos que cambiaron su opinión respecto al movimiento BLM, de que ha llegado el tiempo de la reconciliación nacional y el cambio.