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Valeria Villa

El fanatismo desde el psicoanálisis (2)*

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

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Por:
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Hay que diferenciar a los líderes fanáticos, creadores de la verdad, de sus seguidores. Los primeros quieren dominar, los demás son vulnerables a la identificación con el líder fanático, en su necesidad de ser salvados de la realidad, llena de dudas y frustraciones. El líder fanático tiene rasgos sociopáticos, a diferencia de muchos de sus seguidores, que dejaron de pensar por sí mismos, sustituyeron las ideas por dogmas y se dedican a obedecer. La propaganda moviliza emociones, las multitudes rugen, se suman marchas militares, cuyo ritmo es semejante al latido del corazón. Lemas y su repetición constante, oraciones implorantes e iluminación hipnótica, reemplazan la capacidad de pensar por la descarga emocional. La tergiversación del significado de las palabras convierte una mentira en una supuesta verdad. En el presente, las redes sociales son instrumentos para distorsionar la verdad. Protegidos por el anonimato, los fanáticos se sienten libres para difundir prejuicios y violencia. Las mentiras se convierten en racionalizaciones y por la causa, se sacrifica cualquier remanente de humanidad justificando la tortura, la matanza, el genocidio.

El contagio emocional hipnotiza a multitudes fácilmente manipuladas, entumecidas en su capacidad de pensar, las identificaciones masivas se hacen realidad y pueden observarse masas eufóricas, sumisas o violentas. A nivel mundial observamos un aumento de prejuicios en torno al color de la piel, la clase social, la nacionalidad, los hábitos, las ideas. Lo políticamente correcto, que supuestamente combatía los prejuicios, también se convierte en fanatismo, condenando a todos aquellos que son capaces de lidiar pacíficamente con la diversidad. El fanático muestra su lado agradable mientras intenta convencer de que existe sólo una verdad. En el fanático, especialmente si se trata de un líder, encontramos una organización narcisista y a veces también rasgos de psicosis. La defensa frente a la percepción de la realidad es férrea, hay problemas con la contención de aspectos primitivos de la personalidad, trauma, voracidad y envidia, ataques a los vínculos, déficit de simbolización, dificultades con los duelos, resentimiento, alucinaciones. El amor del bueno y del justo es a la causa y no a las personas. El fanático se vive todopoderoso y más allá de la muerte, vivirá para siempre como héroe. Justificará la violencia que siempre es para defenderse. La finitud será reemplazada por la conquista del poder infinito. La barbarie se justifica porque el enemigo es bárbaro. Todo se justifica en nombre del ideal. El fanático no tolera el psicoanálisis porque tendría que entrar en contacto con las limitaciones de la realidad. El psicoanálisis desarrolla la capacidad de pensar, que depende de la percepción de la alteridad y por tanto de la consideración y respeto por el otro. El psicoanálisis es un arma contra la propagación del sinsentido, construido con mentiras. Hay que atacarlo, destruirlo, quemar libros, eliminar a los psicoanalistas. La razón es la enemiga del fanatismo, que promueve la humanización, la defensa de la diversidad humana, la desobediencia, la reflexión, la autonomía intelectual, negar la omnipotencia del dogma, privilegiar las formas de vínculo empáticas, que busquen la vida y no la muerte.

* Resumen del trabajo clínico El fanatismo como fenómeno social y clínico, de Roosevelt Cassorla, en el International Journal of Psychoanalysis, #100, año 2019