Martes 19.01.2021 - 18:46

El INE es de todos, inclusive de quien lo quiere dinamitar

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Con la celebración de los foros en la Cámara de Diputados sobre la Reforma Electoral se revelaron un poco más las intenciones del lopezobradorismo en lo que respecta a algunos aspectos centrales de la función electoral, como son el registro electoral, la designación de órganos de dirección colegiados, el financiamiento público, el modelo dual de autoridades y la revocación de mandato. Es una agenda en contra de las oposiciones partidarias y de la autonomía del INE.

Larga construcción democrática. La peculiar transición a la democracia en México tiene que ver, a mi juicio, con tres características centrales: 1) la celebración de reformas políticas que abrieron espacios de representación a oposiciones, frente a un partido y sistema hegemónicos; 2) los resultados de esas reformas electorales, por los que la ciudadanía ha determinado una mayor pluralidad y alternancia política en las contiendas electorales; y 3) la existencia con plena autonomía política desde 1996 (si bien, el IFE fue creado en 1990) de un órgano constitucional autónomo que se encarga de la organización de las elecciones. Producto de la desconfianza recíproca entre el gobierno y las oposiciones en turno es que se fue construyendo un abigarrado y, sí, excesivo sistema electoral mexicano, pero que les daba garantías de funcionamiento a todos los actores de la contienda. Pero todas las fuerzas políticas se han visto beneficiadas de esos arreglos; incluso hasta la que hoy pretende dinamitar al INE.

Corta memoria y raciocinio. El lopezobradorismo es hoy el principal heredero y beneficiario de esa historia de acuerdos, resultados y avances en materia electoral de la izquierda. Morena no nació en un laboratorio: fagocitó al PRD y capitalizó sus recursos políticos adquiridos a lo largo del tiempo. Con la reducción propuesta al financiamiento público, el partido en el Gobierno que pretende neutralizar a las oposiciones sería el único que recibiría más recursos. Habrá que recordarles los efectos de la reforma de 1996 —que ciertamente benefició a todos los partidos políticos, por el crecimiento exponencial del financiamiento partidario—, particularmente al PRD.

El gato al cuidado de las sardinas. El arbitraje electoral autónomo le causa erisipela al lopezobradorismo. AMLO es el único político contemporáneo que ha participado en cinco elecciones de la mayor relevancia. Descontando la amañada para gobernador de Tabasco de 1994, ha sido protagonista de las elecciones libres para Jefe de Gobierno y de tres presidenciales. El guion de respuesta es predecible y el mismo: sólo reconocer los resultados cuando gana y desconocerlos cuando no le son favorables. Desde esa privilegiada trayectoria debería haber contribuido a generar confianza en las elecciones en México. Lejos de ello, ha sido el principal actor antisistema que ha socavado la confianza de las elecciones en México. Regresar a un gobierno con tan poca vocación democrática, una parte de las funciones electorales o el control político para el nombramiento autocomplaciente de las autoridades electorales sería sencillamente una regresión democrática mayúscula.