Domingo 17.01.2021 - 02:47

Estados Unidos y el socialismo democrático

Ecuador: el Estado en jaque
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La fuerza que adquiere la tendencia socialista dentro de la campaña demócrata, en Estados Unidos, obliga a abandonar lugares comunes sobre la izquierda en ese país. Es cierto que pocas sociedades occidentales siguen siendo tan proclives al anticomunismo como la estadounidense. En medios de comunicación y redes sociales de ese país —no necesariamente de derechas—, se confunde con frecuencia comunismo y socialismo o comunismo y cualquier modalidad de la izquierda populista o, incluso, liberal.

La idea de que Estados Unidos, a diferencia de Europa y América Latina, no es tierra fértil para el socialismo, entendiendo por este último, fundamentalmente, la socialdemocracia, no proviene del macartismo o la Guerra Fría. Es más vieja y se lee en el temprano ensayo del sociólogo alemán Werner Sombart, justamente titulado ¿Por qué no hay socialismo en Estados Unidos? (1906). Tras analizar la pérdida de poder electoral de los socialistas norteamericanos, entre fines del siglo XIX y principios del XX, Sombart concluyó que, a diferencia de Europa, Estados Unidos no favorecía la aparición de partidos socialdemócratas.

La nación del Norte, decía el sociólogo, era la Canaán del capitalismo. Sin aristocracia feudal y con una mayor igualdad jurídica, a pesar de la esclavitud, el capitalismo se desarrollaba allí a mayor velocidad que en Europa. Pero en Estados Unidos ese desarrollo se mezclaba con una democracia republicana que, desde principios del XIX, dotaba a la ciudadanía de un espíritu excepcionalista y providencial. Según Sombart, ese espíritu había arraigado más en el movimiento obrero de lo que el propio liderazgo socialista, encabezado entonces por Eugene Debbs, estaba dispuesto a reconocer.

El movimiento obrero y los partidos socialistas en Estados Unidos crecieron hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, como en los países latinoamericanos, aquel crecimiento se vio opacado por la izquierda social y populista ligada al New Deal y al ala más reformista del Partido Demócrata. Durante la Guerra Fría, el anticomunismo restringió fuertemente tanto a la vieja corriente socialdemócrata de Norman Thomas, a los pocos comunistas que sobrevivieron a la crisis del browderismo y a las fuerzas radicales de la Nueva Izquierda. Sin embargo, el socialismo democrático nunca desapareció totalmente y el partido logró refundarse en 1973.

El fin de la Guerra Fría benefició, una vez más, a la izquierda liberal del Partido Demócrata antes que a los socialistas americanos. Los gobiernos de Bill Clinton y Barack Obama recibieron un importante apoyo de sectores progresistas y multiculturales, pero no incorporaron demandas propiamente socialistas. El actual resurgimiento del socialismo democrático se debe, como sostiene Patrick Iber, a la ausencia de un liderazgo fuerte en el Partido Demócrata y al impacto y las demandas de Occupy Wall Street y la campaña de Bernie Sanders en 2016.