Viernes 23.10.2020 - 02:56

La perseguida mexicanidad de Sor Juana

Indignación y transformación
Por:

Debemos a Amado Nervo el rescate contemporáneo de Sor Juana Inés de la Cruz. Su ensayo pionero, Juana de Asbaje, fue publicado en Madrid en 1910, en ocasión del Centenario de la Independencia de México. En el prólogo del libro, intitulado “Al lector mexicano”, Nervo explica la conexión entre ella y el Centenario: aunque sería vano buscar en los escritos de la monja alguna idea solapada de emancipación, su obra ayudó a formar el alma de la Patria e hizo que se destacara la mentalidad de la misma.

En el camino abierto por el poeta nayarita, Ezequiel A. Chávez publicó en 1931 su Ensayo de psicología de Sor Juana Inés de la Cruz y de su estimación del sentido de su obra y de su vida para la historia de la cultura y de la formación de México. El título es largo, pero describe con precisión las dos vertientes de su examen: por una parte, los supuestos motivos subconscientes de Sor Juana y de sus contemporáneos y, por la otra, el sitio de su obra en la historia de la mexicanidad. Me parece que el aspecto más original del libro de Ezequiel A. Chávez es el segundo, y sobre ello quisiera extenderme.

"En la monja jerónima no sólo se asoma el criollismo propio del siglo XVIII, sino algo más asombroso para su época: una suerte de doctrina del mestizaje avant la lettre, es decir, una concepción de México como un crisol de identidades que podían vivir en armonía. O como diría Chávez, con su vocabulario decimonónico, lo que anunciaba era el surgimiento de un genuino espíritu mexicano"

Chávez se pregunta cuál fue la verdadera razón del asedio que padeció Sor Juana para dejar de escribir. Lo cito in extenso: “Atrévome a pensar que, subconscientemente, aquellos hombres perspicaces que estaban en torno de ella, y que además la estimaban y querían (…) tuvieron la intuición —como intuición, velada y confusa, pero a la par fuerte y dominante— de que Sor Juana vivía demasiado —demasiado a juicio de ellos— los más graves e inquietantes problemas sociales de su tiempo; y alarmados y aun espantados, cada vez más, juzgaron indispensable detenerla en su camino. Presintieron a mi parecer, mejor que comprendieron, lo que en el fondo era la verdad: que ella venía siendo más y más en si misma el alma de su pueblo, del pueblo mexicano; la ciencia conjunta de lo que para su pueblo era esencial, y por tanto la conciencia colectiva de éste; del pueblo mexicano, múltiple, contradictorio, entrechocado y armónico”.

[caption id="attachment_1083351" align="alignnone" width="696"] Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, pintado por Miguel Cabrera, alrededor de 1750. Foto: Especial[/caption]

A Sor Juana la reprimieron no sólo por ser mujer —Chávez no ignora ese aspecto crucial— sino, además y, sobre todo, por ser conscientemente mexicana. Su ostentación de inteligencia, ingenio, sutileza femenina resultaba inquietante, pero su desplante de una inteligencia y un ingenio y una sutileza estrictamente mexicanas, resultaba peligroso para el régimen patriarcal/colonial. Si el Obispo de Puebla había dicho que “Letras que engendran elación no las quería Dios en la mujer”, algo semejante pudo haberse dicho referido ya no a las mujeres mexicanas, sino a los mexicanos todos: letras que engendran presunción no las quiere el Rey en los americanos. No podía ser de otro modo, ya que la dominación colonial perdería una de las supuestas fuentes de su legitimidad. Es por ello que la Carta Atenagórica, en la que la monja mexicana daba una lección de teología al admirado jesuita portugués Antonio Vieyra, no podía tolerarse. Era una afrenta a uno de los fundamentos ideológicos del régimen. Podía pasarse que un criollo sabio como Carlos de Sigüenza y Góngora le corrigiera la plana al europeo Eusebio Kino en un asunto menor como el de los cometas. Pero que una mujer mexicana lo hiciera con un europeo, en el único asunto que entonces importaba, la teología, resultaba inadmisible.

"Podía pasarse que un criollo sabio como Carlos de Sigüenza y Góngora le corrigiera la plana al europeo Eusebio Kino en un asunto menor como el de los cometas. Pero que una mujer mexicana lo hiciera con un europeo, en el único asunto que entonces importaba, la teología, resultaba inadmisible"

Ezequiel A. Chávez no sólo subraya el atrevimiento intelectual de Sor Juana sino su defensa de lo mexicano frente a lo europeo y, sobre todo, su defensa de los indios, los negros y las castas -—hay numerosos ejemplos, basta con recordar la loa para El divino narciso. En la monja jerónima no sólo se asoma el criollismo propio del siglo XVIII, sino algo más asombroso para su época: una suerte de doctrina del mestizaje avant la lettre, es decir, una concepción de México como un crisol de identidades que podían vivir en armonía. O como diría Chávez, con su vocabulario decimonónico, lo que anunciaba era el surgimiento de un genuino espíritu mexicano.

Ni Nervo ni Chávez disponían del concepto teórico de interseccionalidad, pero hoy en día podríamos decir que lo que ellos intuyeron fue una lectura feminista-poscolonial de la obra de Sor Juana.