La hora de la autoridad

Fase 2
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La primera alternancia en México prometió echar del poder con puntapiés a víboras y tepocatas; ofreció peces gordos en su lucha contra la corrupción, que, dijo, iba a desterrar. Vicente Fox no cumplió. Las estructuras priistas en el poder no fueron desmanteladas y su pesca justiciera fue un fiasco; puro charalito.

La segunda alternancia se vendió al mejor postor; juró ser la nueva generación revolucionaria, pero pronto enseñó el cobre; pura vieja maña, lo mismo a nivel federal que estatal; jóvenes gobernadores tricolores que dieron cátedra de corrupción sin par, sin rubor. El saqueo, el negocio como sello de la casa, rehabilitó un proyecto ya derrotado que, gracias a su persistencia y a la mala fama ajena, llegaría para la tercera alternancia, con ínfulas de Cuarta Transformación.

En campaña, Andrés Manuel López Obrador nunca prometió cárcel para nadie; de hecho, a muchos perturbó su “borrón y cuenta nueva”, una injusta amnistía para corruptos evidentes. Ya en el poder, la crítica por el exceso de discurso y falta de acción ha sido grande y sustentada. Evidencias periodísticas pusieron de relieve la clara contradicción entre las muchas palabras y los pocos hechos judiciales. Mucha arenga y poca acción.

Hace menos de un mes el primer fiscal General de la República, el doctor Alejandro Gertz Manero, ofrecía entrevistas por los primeros 100 días de la FGR, en las cuales garantizaba que a más tardar en sesenta días se iban a judicializar (pasar de las palabras a las acciones) casos emblemáticos, como el relacionado con la red global de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht o los desvíos de recursos públicos a través de la denominada Estafa Maestra, vía universidades públicas y un par de secretarías de Estado, pero con una sola funcionaria señalada.

La hora de la autoridad llegó. El fiscal General desembarcó donde se le requería. La FGR detuvo en España a Alonso Ancira, presidente del Consejo de Administración de Altos Hornos de México, y consiguió orden de aprehensión contra el exdirector de Pemex Emilio Lozoya, quien por el momento goza de amparo. Pero la ficha roja para que la Interpol lo ubique ya circula. Con soldados y marinos capturó en la capital y el Estado de México a los dos antagonistas criminales que mayor violencia generan: los líderes de los cárteles Unión Tepito y Anti-Unión. Ayer, la FGR le echó guante al delegado del Cártel Jalisco Nueva Generación en la CDMX.

Cada expediente, cada aprehensión o mandato de captura son, en argot presidencial, “batazos de vuelta entera”. Golpes que podrían significar el nacimiento, por fin, de un Ministerio Público Nacional serio, valiente y actuante.

Oportunidad para que la 4T compense yerros gravísimos en aras del ahorro, austericidios que demandan correcciones urgentes, alertas por el ejercicio no sólo soberano de quienes cuentan centavos, sino de soberbia y desprecio por lo que más le importa al líder: el bienestar del pueblo, y no su burócrata lucimiento sobredimensionado.