Viernes 4.12.2020 - 09:06

La nueva derecha ya tiene quien le escriba

La nueva derecha ya tiene quien le escriba
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Cuenta Marc Bassets en El País que dos autores de masacres recientes, el australiano Brenton Tarrant, que asesinó a 51 personas en sendas mezquitas de Christchurch, Nueva Zelanda, y Patrick Crusius, el joven norteamericano que acribilló a 22 en un Walmart de El Paso, Texas, utilizaron el mismo concepto para justificar sus acciones: la “sustitución”. Se refieren con ello al desplazamiento de nacionales por inmigrantes en Europa y Estados Unidos. Una teoría de la migración que criminaliza al migrante desde el momento que le atribuye un plan de destrucción del modo de vida del país de destino.

La gran sustitución que leyó Crusius no fue la escrita por el escritor francés Renaud Camus, en 2012, sino una versión de la misma que escribió Tarrant. De modo que en el viaje de las ideas de la nueva derecha por Occidente interviene el plagio, sin mayores escrúpulos. Como en las ideas antisemitas o sobre la superioridad aria de la doctrina nazi poco importa que el autor sea Aldred Rosenberg o Adolf Hitler. En la ideología neoconservadora no rige el derecho de autor.

"Emmanuel Carrère, su amigo de otros tiempos, ha descrito a Camus como “un oráculo de los círculos identitarios franceses”. Su proximidad con los Le Pen es perfectamente documentable en los tantos discursos en que ambos, padre e hija, presentan a la nación francesa invadida o bajo amenaza de invasión de musulmanes y judíos, magrebíes y subsaharianos, latinoamericanos y turcos"

Sin embargo, la fórmula retórica que se expande en páginas electrónicas de la derecha europea y estadounidense proviene, en gran medida, del libro La gran sustitución (Le grand remplacement) de Camus. Este otro Camus es un escritor que se formó en los círculos postestructuralistas de los años 70 —fue discípulo de Roland Barthes, quien lo celebró como seguidor del nouveau roman— y que en los últimos años ha girado a posiciones antisemitas e islamófobas. En sus novelas y ensayos Camus reproduce el pánico del viejo nacionalismo francés a los grandes desplazamientos humanos del siglo XXI.

Emmanuel Carrère, su amigo de otros tiempos, ha descrito a Camus como “un oráculo de los círculos identitarios franceses”. Su proximidad con los Le Pen es perfectamente documentable en los tantos discursos en que ambos, padre e hija, presentan a la nación francesa invadida o bajo amenaza de invasión de musulmanes y judíos, magrebíes y subsaharianos, latinoamericanos y turcos. Camus se inspira, entre otros, en Charles Maurras, el gran ideólogo de Acción Francesa que, vía sus múltiples seguidores en España y Portugal, inspiró a Franco y a Oliveira Salazar.

Cuenta también Bassets que otro escritor francés muy citado en los círculos de la nueva derecha occidental es Jean Raspail, quien en su novela Le Camp des Saints (1973) predijo la decadencia de Occidente, como consecuencia de los éxodos masivos de las antiguas colonias. El texto de Raspail tuvo seguidores en la izquierda católica, que interpretaban aquella ficción como una parábola del horror de la colonización, pero en los últimos años se ha afincado como referente de la nueva derecha gracias a los múltiples elogios de Steve Bannon.

"Cuenta también Bassets que otro escritor francés muy citado en los círculos de la nueva derecha occidental es Jean Raspail, quien en su novela Le Camp des Saints (1973) predijo la decadencia de Occidente como consecuencia de los éxodos masivos de las antiguas colonias"

Bannon cita con frecuencia la novela de Raspail como una alegoría de la invasión de Europa y Estados Unidos por los bárbaros del Tercer Mundo. Pero Bannon, que proviene del catolicismo, le da a la novela de Raspail una interpretación cristiana, más acorde con el evangelismo de ultra derecha que arropa el proyecto de Donald Trump. Bannon es, de hecho, el puente entre el trumpismo y el conservadurismo extremo de ascendencia católica, en Europa, que tiene como uno de sus blancos preferidos al papa Francisco.

Bannon es el operador global de una red de alt-right (Matteo Salvini en Italia, Marine Le Pen en Francia, Nigel Farage en Gran Bretaña, Víctor Orbán en Hungría, Jaroslaw Kaczynski en Polonia), que parte de la premisa del miedo a la gran “sustitución”. Suponer que esa ideología identitaria no tiene nada que ver con el terrorismo racista blanco, en Europa o Estados Unidos, es lo mismo que negar que el fundamentalismo islámico más agresivo no tenía nada que ver con el terrorismo de Al Qaeda o Isis. En ambos casos se trata discursos que alientan esas “identidades asesinas” de que habló el escritor libanés Amin Maalouf.