Sábado 16.01.2021 - 03:06

El fantasma del vandalismo

El fantasma del vandalismo
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“Vándalos” es la palabra del día en el lenguaje de la élite del poder latinoamericano. Un informe de Amnistía Internacional sobre Chile documenta cientos de casos de maltrato de los carabineros contra manifestantes en las recientes jornadas de protestas populares en ese país. Las manifestaciones, que han dejado un saldo atroz de más de 20 muertos y 2,000 heridos, fueron enfrentadas inicialmente por el gobierno de Sebastián Piñera con un discurso que criminalizaba a los manifestantes como “enemigos peligrosos” y “delincuentes”.

También en Bolivia la represión de las protestas, mayoritariamente pacíficas, que han seguido a la renuncia de Evo Morales, ya va por unos 30 fallecidos y cientos de damnificados. A diferencia de Chile, donde la criminalización de la protesta está asegurada por una Constitución donde el estado de emergencia y la seguridad nacional están ampliamente consagrados, en Bolivia se creó un decreto ad hoc para facultar a las Fuerzas Armadas de poderes especiales en el combate a los manifestantes.

"Por supuesto que las protestas son explotadas mediáticamente por los gobiernos bolivarianos, que las reportan enfáticamente mientras ocultan la represión sistemática en Venezuela, Nicaragua y Cuba, pero las intervenciones directas de estos gobiernos en la hostilización de otros, para ser creíbles, tendrían que documentarse con rigor"

En Colombia, donde acaba de producirse un paro nacional, lo mismo que en Chile y Bolivia, la criminalización de la protesta se mezcla con un relato sobre la “subversión castro-chavista” o del Foro de Sao Paulo, que agrega más autoritarismo al manejo de esas crisis. Por supuesto que las protestas son explotadas mediáticamente por los gobiernos bolivarianos, que las reportan enfáticamente mientras ocultan la represión sistemática en Venezuela, Nicaragua y Cuba, pero las intervenciones directas de estos gobiernos en la hostilización de otros, para ser creíbles, tendrían que documentarse con rigor.

La apelación al fantasma del vandalismo o a la penalización de opositores no es patrimonio único de las derechas latinoamericanas. Durante los tres últimos años, en Venezuela y Nicaragua los opositores han sido reprimidos violentamente en las calles con el argumento de que son agentes de una subversión impulsada por el imperialismo yanqui, Estados Unidos, la derecha neoliberal, la CIA o la USAID. ¿No es esa criminalización muy parecida al tópico de la “penetración castro-chavista”?

El objetivo de esas retóricas es una doble distorsión: presentar a los opositores y críticos de los gobiernos como violentos, cuando son mayoritariamente pacíficos, y como agentes extranjeros, cuando lo que moviliza sus manifestaciones es, fundamentalmente, un conjunto de causas concretas: alzas de precios, rebaja de pensiones, endeudamiento de estudiantes, desconocimiento de la autonomía de comunidades indígenas, como ha sucedido en Chile, Ecuador o Colombia, un conflicto post-electoral específico como el boliviano, o las evidencias de concentración del poder, limitación de derechos políticos y reeleccionismo en Venezuela y Nicaragua.

"El fantasma del vandalismo es esgrimido por todos: desde Sebastián Piñera hasta Raúl Castro. Un disturbio reciente en un supermercado de La Habana, en el que se desplegó un enorme operativo policial, equivalente al que vimos en los últimos carnavales, fue calificado por la prensa oficial como un acto vandálico de sectores “indisciplinados” o no “decentes” de la población"

El fantasma del vandalismo es esgrimido por todos: desde Sebastián Piñera hasta Raúl Castro. Un disturbio reciente en un supermercado de La Habana, en el que se desplegó un enorme operativo policial, equivalente al que vimos en los últimos carnavales, fue calificado por la prensa oficial como un acto vandálico de sectores “indisciplinados” o no “decentes” de la población. El Código Penal cubano está lleno de estereotipos negativos sobre la criminalidad, cuya variante más opresiva es el cargo de “peligrosidad predelictiva”.

De acuerdo con las leyes cubanas, no sólo los opositores políticos, que son mayoritariamente pacíficos, sino los críticos del sistema político de la isla, vivan donde vivan, son potencialmente violentos porque ejercen diversas formas de terrorismo. Hay, de hecho, según el discurso oficial cubano, un terrorismo intelectual o académico que consiste, stricto sensu, en cuestionar públicamente el diseño constitucional cubano, ya que ese cuestionamiento, sin importar desde qué perspectiva ideológica se formule, alienta la hostilidad de Estados Unidos.