Tres formas de conmemorar la Revolución

Ecuador: el Estado en jaque
Por:
  • rafaelr-columnista

En noviembre de 1970 se cumplieron 60 años de la insurrección maderista. El entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz, celebró la vigencia y continuidad de la “Revolución Mexicana” con frases muy parecidas a las de su sexto informe de gobierno ante el Congreso federal, en septiembre de aquel año. Dijo entonces Díaz Ordaz:

“Una Revolución de breve vida no es una Revolución: en la perspectiva de la historia queda en mero episodio. Para ser auténtica Revolución, exige un prolongado, laborioso, sacrificado esfuerzo, con aciertos que consolidar, errores que corregir y deformaciones que evitar. Una Revolución cambia usos y abusos, no sólo del antiguo régimen, sino también usos y abusos que inexorablemente surgen en su propio acaecer. En la esencia de una Revolución auténtica está la permanente crítica de sí misma. Es parte del espíritu revolucionario reconocer lo que ha dejado de hacerse, rectificar cuando así lo exigen las realidades, verificar los hechos y los medios para alcanzar los anhelos, para realizar los postulados en que se cree. Es consustancial con el espíritu revolucionario que permanezcan firmes las ideas y se renueven constantemente los hombres”.

“En noviembre de 1970 se cumplieron 60 años de la insurrección maderista. El entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz, celebró la vigencia y continuidad de la ‘Revolución Mexicana’ con frases muy parecidas a las de su sexto informe de gobierno ante el Congreso federal”

Luego de leer la parrafada es difícil dudar de la sinceridad de Díaz Ordaz. El Presidente creía genuinamente que la Revolución Mexicana era una entidad viva, sesenta años después. Los portadores de ese espíritu perenne no eran, por supuesto, los estudiantes masacrados en Tlatelolco o la izquierda socialista que, a su juicio, sostenía ideas “extranjerizantes”. No, los depositarios y garantes de la inmortalidad de la Revolución Mexicana eran el PRI y el Presidente de la República.

[caption id="attachment_851317" align="aligncenter" width="696"] Imagen de las calles de Cuba, el 1 de enero de 2019. Foto: Especial[/caption]

Pocos años más tarde, en 1977, se celebró el 60 aniversario de la Revolución de Octubre en Moscú. El entonces Secretario General del PCUS, Leonid Brezhnev, pronunció un discurso titulado “La gran Revolución de Octubre y el progreso de la humanidad”. La manera de referirse al fenómeno revolucionario del líder soviético era muy distinta a la de Díaz Ordaz. Brezhnev se refería todo el tiempo a la Revolución en pasado: “la importancia histórica mundial de octubre consistió en que abrió el camino para resolver los problemas del capitalismo y, con ello, crear en la Tierra una civilización de nuevo tipo”. La Revolución de los soviéticos no era eterna, era breve, circunscrita a lo que sucedió en octubre de 1917. Lo definitivo o perenne, hasta el advenimiento del comunismo, era la fase de transición socialista.

En Cuba acaban de cumplirse 60 años del derrocamiento de Fulgencio Batista. A diferencia de México o de Francia y a semejanza de la URSS, lo que se conmemora en la isla, como día de la Revolución, es la caída del antiguo régimen. También se celebran los aniversarios del asalto al cuartel Moncada, una de las primeras acciones armadas contra la dictadura de Batista. Pero el día de la Revolución en Cuba, en el ceremonial político oficial, es, sin dudas, el 1º de enero de 1959.

“Pocos años más tarde, en 1977, se celebró el 60 aniversario de la Revolución de Octubre en Moscú. El entonces Secretario General del PCUS, Leonid Brezhnev, pronunció el discurso ‘La gran Revolución de Octubre y el progreso de la humanidad’. La manera de referirse al fenómeno revolucionario del líder soviético era muy distinta a la de Díaz Ordaz”

Para celebrar el 60 aniversario el presidente Miguel Díaz Canel puso a circular en twitter los hashtags de “Somos Cuba” y “Somos Continuidad”. Mientras, Raúl Castro en Santiago de Cuba aseguraba: “se cumplen 60 años del 1º de enero de 1959, sin embargo, la Revolución no ha envejecido, sigue siendo joven y no es una frase retórica, es una confirmación histórica, ya que desde los primeros momentos sus protagonistas fueron los jóvenes y así ha sido a lo largo de estas seis primeras décadas. El proceso revolucionario no está circunscrito a la vida biológica de quienes lo iniciaron, sino a la voluntad y compromiso de los jóvenes que aseguran su continuidad”.

A casi tres décadas de la caída del Muro de Berlín, el discurso conmemorativo cubano se parece mucho más al del viejo PRI mexicano que al marxista soviético. La Revolución es eterna porque así lo decide una burocracia autoritaria que gobierna en su nombre. Un nombre que es la metáfora de un régimen.