Advertencias sobre la revocación de mandato

Coronavirus entre nosotros
Por:

Fue un tema de campaña. Arrancó la actual Legislatura, y hay ya una iniciativa sobre la mesa. Van algunos comentarios sobre la revocación de mandato, una eventual innovación en el sistema político mexicano a nivel federal.

Argumentos a favor. Sólo dos, en principio: la posibilidad de expandir derechos políticos a la ciudadanía y terminar por anticipado un mal gobierno, quitarse de encima a un presidente que, ciertamente, resultó electo por el voto popular, pero que resultó que hace mal su trabajo (aquí habría que definir qué es un mal desempeño y a qué adversarios partidarios conviene la revocación de mandato).

Argumentos en contra. Cuando los electores votan por cargos ejecutivos (Presidente de la República, gobernadores, cabildos municipales) en sistemas como el mexicano, se supone que saben de antemano por cuánto los están designando. Y cuando cualquiera de ellos llega al poder, la planeación de gobierno que realiza es para todo el encargo, no para la mitad o una tercera parte. Y también puede ser que, por querer acabar una supuestamente mala gestión, se termine detonando una crisis política sistémica de mayor envergadura que la que “de buena fe” se trababa de resolver. Además, por supuesto, son ejercicios que cuestan dinero, y en este país ya sabemos lo costoso y complicado que resulta la organización de elecciones y consultas populares.

Pero lo que me parece más delicado es la posibilidad de aprovechar cierto clima proclive a una sola fuerza o visión para diezmar al personal político de la oposición. Por poner una hipótesis: de mantenerse el actual clima favorable de opinión y los recursos políticos con los que cuenta el lopezobradorismo —los que, seguramente, se incrementarán, al igual que sus recursos económicos, cuando controlen el Ejecutivo Federal—, si todos los cargos ejecutivos (tanto el federal como los estatales y municipales) se tuvieran que someter a consultas sobre su mandato, no resulta aventurado pronosticar que ninguno, o casi ningún integrante del lopezobradorismo sería removido, mientras que la tentación de recurrir a la movilización electoral para separar de sus cargos a los adversarios políticos sería esperable. En ello nada, o muy poco, incidiría un juicio objetivo sobre el desempeño de esos funcionarios.

Finalmente, la advertencia más importante (sólo compartida por algunos malpensados): no sólo desde que existe Morena como fuerza electoral (2014), sino desde que apareció el lopezobradorismo (2003-4), AMLO ha sido el referente a derrotar en casi cualquier elección, incluso cuando no aparece en la boleta. Si los primeros ejercicios de revocación se realizan cuando venga el siguiente bloque importante de elecciones de gobernador (2021, concurrentes con las intermedias legislativas), se tendrá un pretexto adicional para que el presidente siga en campaña y esté de nuevo en la boleta, ya que su propio mandato podría ser plebiscitado. Peor aún: si la consulta sobre la revocación es para que algunos se vayan, ¿por qué no esperar que se dé paso a la ocurrencia de que, si alguien se supone que debe irse en 2024, no sería mejor preguntarle al pueblo sabio y bueno si no quiere que se quede?