Almagro, la OEA y el conflicto dominicano-haitiano

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Por:

Rafael Rojas

El Secretario General de la OEA y ex canciller uruguayo ha pasado por un conflictivo verano en relación con República Dominicana, que parece llegar a su fin con su reciente visita a Santo Domingo. En entrevista con CNN, Luis Almagro había cuestionado la “regularización” migratoria que tiene lugar en territorio dominicano y que ha generado numerosas deportaciones de haitianos.

Dijo el titular de la OEA que Haití y Dominicana son dos países que comparten una misma isla y que deben aprender a convivir.

Las declaraciones fueron recibidas con malestar en la mitad hispana de la isla. El canciller dominicano, Andrés Navarro, calificó de injerencistas las críticas del Secretario General a la política migratoria de su país y consideró ofensiva la insinuación de que por el hecho de compartir la misma isla ambos países deben integrarse más por medio de una frontera abierta. Navarro señaló que no había nada que dialogar con la OEA si su dirigencia adoptaba una posición de rechazo a la legislación migratoria dominicana.

Luego el diputado Marino Vinicio Castillo, del partido Fuerza Nacional Progresista, propuso que Almagro fuera declarado “persona non grata” y considerado “enemigo” de la nación dominicana por sugerir que Haití y República Dominicana debían convertirse en un solo país. Ambos, el canciller Navarro y el diputado Castillo, hablaron de “ignorancia geográfica”, a pesar de la evidencia de que, en efecto, República Dominicana y Haití comparten

la misma isla.

Lo que no calculó, tal vez, Almagro es la fuerza que tiene dentro del nacionalismo dominicano la diferenciación étnica y cultural con Haití. No ser Haití ha sido el eje identitario de una ideología nacionalista dominicana, que todavía se refleja en las vigentes leyes migratorias, cuestionadas por buena parte de la comunidad internacional. La reacción del gobierno dominicano a las críticas de Almagro vuelven a evidenciar las dificultades para concertar políticas globales, hemisféricas o específicamente interamericanas en temas de derechos humanos si a las mismas se contrapone el principio de autodeterminación.

El secretario no ha tenido más remedio que reconocer que, en efecto, la política migratoria dominicana es decisión soberana del gobierno de Danilo Medina y que no es intención de la OEA interferir en asuntos internos de ese país caribeño. El cuestionamiento a las deportaciones de haitianos ha quedado a un lado y, para dejar las cosas claras y preservar la interlocución, Almagro ha viajado a Santo Domingo y ha reiterado su respeto a la autodeterminación del gobierno dominicano.

A nombre de la OEA, el político uruguayo ofreció disculpas por la invasión de Estados Unidos a República Dominicana en 1965, que siguió al golpe de Estado contra el presidente Juan Bosch y a la rebelión armada de Francisco Alberto Caamaño. El gesto fue aplaudido, pero a cambio de rebajar la crítica a la situación de la frontera con Haití y a la aplicación de políticas migratorias que todavía cargan con evidentes estereotipos raciales y culturales.

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