Un año resistiendo a Trump

ENTRE COLEGAS

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El sábado se cumplió el primer año de cuatro largos ­­—si una improbable renuncia o un redentor impeachment no determinan otra cosa— de Donald Trump en la Casa Blanca. Van algunos comentarios acerca del desempeño del liderazgo más tóxico del que se tenga memoria en la política estadounidense.

Pinchar los globos. Según trascendió, se supo que Trump festejaría en Mar-a-Lago, lejos de Washington, los “logros” del primer año de su administración. Pero no. El aniversario no podía haber sido peor. Al igual que hace un año, tras su toma de posesión, las manifestaciones —principal, aunque no exclusivamente, la Segunda Marcha de las Mujeres— de repudio al gobierno se multiplicaron de frontera a frontera y de costa a costa. Con otro componente aún peor: al haber fracasado la negociación presupuestaria, el viernes pasado, en el Senado, se produjo lo que en Estados Unidos se conoce como shutdown; esto es, el cierre parcial del gobierno —así haya sido por un fin de semana— por falta de presupuesto, con la correspondiente afectación por la suspensión o reducción de diversos servicios públicos.

Liderazgo tóxico. Si bien no se trata de la primera vez que ocurre el cierre parcial de gobierno, lo que en esta ocasión llama poderosamente la atención es que sea la primera vez que ocurre cuando el presidente cuenta con mayoría en ambas cámaras del Congreso. Al margen de que hay decisiones que requieren apoyos superiores a la mayoría simple (particularmente 60% en el Senado, que los republicanos no alcanzan por sí mismos), no deja de llamar la atención la incapacidad del gobierno para aprovechar sus recursos políticos. Ahora el “toma y daca” de la negociación puntual era, para los republicanos, ceder para atender presupuestalmente la crisis migratoria de los dreamers (programa DACA), a cambio de los recursos para el muro fronterizo con nuestro país —sí, esa enfadosísima cantaleta, una vez más—, lo que evidencia (eso sí, muy consistente con todo lo que ha ocurrido en el año) la enorme necedad de anteponer un capricho personal por encima del interés general del país. Con excepción de su familia —la hija y el yerno parecen ser, por ahora, los consejeros intocables y plenipotenciarios del presidente—, Trump ha evidenciado en este año su total incapacidad para liderar y trabajar en equipo. La rotación de colaboradores en su primer círculo no ha tenido tregua, además de concluir en no pocas ocasiones en escándalos o abriendo más frentes políticos que el gobierno debe atender.

Menos Estados Unidos en el mundo. Sin duda alguna, Estados Unidos va perdiendo liderazgo y credibilidad en el mundo. Ha deteriorado notablemente las relaciones con sus aliados tradicionales y profundizado las diferencias con sus adversarios. Ha dinamitado acuerdos comerciales (TPP y TLCAN) y sacó a su país del acuerdo global de París sobre cambio climático. Con México, en particular, las relaciones han sido tensas, hostiles e imprevisibles, de lo que definitivamente tiene más culpa el impresentable inquilino de Washington, con todo y la actitud usualmente complaciente, temerosa y apaciguadora de nuestro gobierno.
Nada que celebrar.

Horacio Vives Segl

Horacio Vives Segl

Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, Argentina). Profesor y director del Centro de Estudios Alonso Lujambio en el Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de diversos libros y artículos sobre elecciones, política latinoamericana y política mexicana, publicados en medios académicos y de divulgación en México y en el extranjero. Analista político.
Horacio Vives Segl

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