Barbosa, Raya y Serrano le fallaron a Mancera

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Por:

Raymundo Sánchez

Pésimo oficio político mostró el trío Barbosa-Raya-Serrano, que debió llevar de la mano la reforma política del DF hasta su aprobación en la Cámara de Diputados. Para empezar, el líder de la bancada del PRD en el Senado, Miguel Barbosa, la delegó en Mario Delgado, que en enero se fue a Morena con AMLO, el principal detractor de la reforma que daría más proyección al jefe de Gobierno, Miguel Mancera, rumbo al 2018.

Y en lugar de poner a otro de los suyos en la presidencia de la Comisión del DF, posición que corresponde a la bancada perredista, Barbosa dejó a Delgado, quien al final votó en contra de la reforma que más le interesaba a Mancera. Barbosa tomó el asunto apenas esta semana y por la voluntad de los senadores del PRI, que coordina Emilio Gamboa, la reforma se aprobó y se envió a San Lázaro.

Pero en esa Cámara el líder de los perredistas no es ya Silvano Aureoles, quien sí sabe amarrar acuerdos, sino Miguel Alonso Raya, y éste ni siquiera pudo convencer a los diputados que coordina de apoyar la reforma. Salió a decir que no había consenso en la bancada. ¿Y el secretario de Gobierno, Héctor Serrano? Bien gracias, cómodo en su oficina y metido en todo, menos en cabildear la reforma que, ahora, ya se congeló.

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El activismo de personajes como Sergio Aguayo, Denisse Dresser, Mony de Swaan, Eduardo Huchim y el ex consejero del IFE Alfredo Figueroa, cada vez se alinea más con el de los radicales que buscan boicotear las elecciones. Ayer entregaron al INE “140 mil firmas” con las que exigen quitar el registro al PVEM, como si su sola voluntad y unos garabatos plasmados en un papel predominaran sobre las leyes electorales.

Dice el ex presidente del IFE, José Woldenberg, en su artículo del 23 de abril, en Reforma, que “la sola rabia no es una buena consejera” y que para sancionar las ilegalidades del PVEM, “la ‘cura’ puede ser más nociva que la enfermedad”. Recuerda que el Verde obtuvo en la elección del 2012 dos millones de votos “que algo significan” y (apunte de esta columna) son 14 veces más que las dichosas “140 mil firmas”.

Aguayo, Dresser y compañía, en realidad buscan golpear al INE, que acatará la ley y desechará su absurda exigencia porque miles de “firmas”, y aun millones, no tienen más validez que boletas en las urnas. Saben que a la hora de los votos el PVEM conservará el registro, por eso no les gustan las elecciones. Ni creen en los ciudadanos, que el 7 de junio decidirán si quitan o no el registro al Verde.

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Más allá de quedarse sin fuero por decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Marcelo Ebrard ahora debería preocuparse por no llegar a prisión por los desfalcos en la Línea 12 del Metro. Los magistrados le revocaron ayer el registro como diputado plurinominal del MC por haber buscado al mismo tiempo ser candidato del PRD.

Se acabó, su sueño de coordinar la bancada y ser intocable, pero sí continúa su pesadilla: el proceso para sancionar a los responsables de los desvíos de la Línea Dorada, que él mandó construir y que ahora no sirve para nada.

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