Chivas, 10 años después de la Promotora

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Jorge Ernesto Witker


Ayer un muy buen colega, Martín del Palacio, hacía referencia al linchamiento que se está realizando a Jorge Vergara, que vive su momento más delicado desde que se adueñó de las Chivas en 2002, e invitaba a hacer memoria de cómo se encontraba el equipo antes de su llegada.

Lo que primero se nos viene a la mente es que la Promotora Deportiva Guadalajara, aquella que dirigía Salvador Martínez Garza y que comandó a Chivas durante nueve años (1993-2002) acabó “abandonando el barco” antes de regresarle la administración a los socios. Y en efecto, entre 2000 y 2002 Chivas se quedó fuera de la liguilla en tres de cinco torneos y dejó de invertir como lo hizo en sus primeros años, en los que armó tremendos trabucos que se vendieron como “Súper Chivas”.

En esos “aciagos años” el equipo dejó de contratar figuras de primer orden; sin embargo realizó algunas incorporaciones menos costosas y mediáticas (Oswaldo Sánchez, Ramón Morales, José Guadalupe Castañeda, Ramírez Perales, Israel López, Manuel Sol) varias de ellas acabaron siendo afortunadas y hasta base del único título en la era Vergara, y además en esa etapa dio juego a algunos canteranos, entre los que se encontraban Omar Bravo, Héctor Reynoso, Miguel Sabah, Alberto Medina y aunque con poca actividad, debutaron con la Promotora también Carlos Salcido y Francisco Javier Rodríguez, pero no supo “vender” la idea que hoy Vergara pretende propagar: la noble apuesta por los chavos y la cantera. El Jalisco no registraba buenas entradas, aunque tal vez eran mejores de las que ahora se ven en el flamante Omnilife.

Aquella administración de la ahora mal recordada Promotora, también logró apenas un título en nueve años —igual que Vergara— y logró un subcampeonato (Invierno 98, al perder la final con Necaxa). No pudo sumar un subcampeonato en Libertadores como el conseguido en el 2010 ya que en aquellos años apenas pudo participar una vez en ese evento.

En aquella ocasión (2002) se imponía ya un cambio en la dirección del Guadalajara y la disyuntiva la aprovechó, con varios millones de dólares en el bolsillo y con populistas promesas de campaña, un empresario que aseguró que Chivas sería pronto el mejor equipo del mundo y contrataría al mejor entrenador del planeta, con un uniforme pulcro de publicidad y que sería un club deportivo en toda la extensión de la palabra.

Una década más tarde, parece que la credibilidad de aquel mesías se ha agotado. Cierto, se habla de un estadio moderno y espectacular que en teoría es de Chivas y en realidad es de él, bueno cuando lo termine de pagar. El caso es que la crisis deportiva que atraviesa el equipo, que suma 11 juegos oficiales sin ganar, ha dejado sin coartada la postura de un dirigente que no sólo tiene rato sin contratar refuerzos, sino que se ha especializado en vender a buen precio a los mejores futbolistas que surgen de sus fuerzas básicas, y contrata a entrenadores de dudosa o nula reputación. Y lo peor, culpa al resto de la humanidad de sus males. Lo malo es que hace 10 años la Promotora no era dueña del club; hoy Vergara y su esposa no pueden explotar la marca comercial, pero tienen la franquicia en su absoluto control, y seguirán haciendo con ella lo que les venga en gana, aunque la numerosa clientela que “compra” ese producto querría sin duda un nuevo cambio de manos.

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