Constituyente en Venezuela: el minotauro y el laberinto

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Por:
  • horaciov-columnista

Según la tradición mitológica, el minotauro era un monstruo de naturaleza híbrida (cabeza de toro y cuerpo de hombre) que fue encerrado en un laberinto para retenerlo y al cual regularmente se le ofrecían humanos en sacrificio para saciar sus bestiales apetitos, hasta que llegó su fin a manos de Teseo, con la ayuda de Ariadna. Algo así podría decirse de la espuria elección a una Asamblea Constituyente que se celebró el domingo pasado en Venezuela.

 Nueva espiral de violencia. Desde el último periodo de gobierno de Hugo Chávez, Venezuela ya caminaba hacia el precipicio; su impresentable sucesor, Nicolás Maduro, no ha hecho otra cosa que hundir más y más a ese país sudamericano. Si bien desde el inicio de su mandato se habían presentado innumerables protestas, en el presente año, ante su acelerada pérdida de recursos políticos y económicos, Maduro redobló su apuesta autoritaria, primero al auspiciar que el Tribunal Superior de Justicia usurpara competencias legislativas, y luego al anunciar la convocatoria a una Asamblea Constituyente. A partir de entonces la oposición chavista reforzó sus protestas, ante las cuales la represión por parte del régimen no ha hecho más que escalar. Desde que inició este nuevo ciclo de protestas, más de 120 personas han perdido la vida; de ellas, más de una docena en el reciente domingo de “elecciones” —cuesta trabajo decirles así—.

 Dos Venezuelas, un futuro incierto. Probablemente a partir de hoy se dé el anómalo caso de que en el mismo edificio tengan que sesionar la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, en el Hemiciclo, y la “soviética” Constituyente, en el Salón Elíptico. Se presentan importantes desafíos para ambos bandos. Si bien los 545 constituyentes tienen el mandato de refundar al Estado venezolano con la agenda política de emitir leyes para profundizar el modelo de socialismo chavista, combatir con mayor rigor a “la oposición del terrorismo económico y político”, otorgar mayores poderes al Ejecutivo y neutralizar a las instituciones hoy adversas al gobierno —se da por descontada la destitución de la incómoda fiscal general y la disolución del actual Congreso—, en teoría, al tratarse de un poder constituyente, que está por encima de cualquier poder constituido, existe una (mínima) posibilidad de que se separe del libreto escrito a modo por Maduro. La oposición enfrenta un enorme desafío: redoblar la apuesta, mantener la cohesión y el ánimo de seguir ocupando las calles, ante la inminente reducción de espacios institucionales de disidencia. Las nuevas —y arbitrarias— detenciones de Leopoldo López y Antonio Ledezma reflejan lo que continuará recibiendo del régimen.

A pesar de la “victoria moral” que respaldó la consulta organizada por la oposición hace apenas dos semanas y de la fuerte condena internacional de varios países y organizaciones que desconocieron el resultado electoral, el “minomadurotauro” obtuvo (a un costo altísimo) sus elecciones constituyentes. Como no hay mal que dure 100 años, oposición política y ciudadanía serán el Teseo y la Ariadna que requiere Venezuela para salir del infame laberinto chavista en que se encuentra atrapada.

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