Dejen morir a los consumidores de heroina

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Este fin de semana leí en El País una entrevista a Richard K. Jones, sheriff del condado de Butler, en Ohio. Su condado tiene 376 mil habitantes y tan sólo el año pasado registró 210 muertes de sobredosis, casi la mitad que en España, teniendo ésta una población casi 120 veces mayor. Ahora en ese condado se ha planteado que se dejen morir a los heroinómanos. El sheriff pidió a sus agentes que no lleven ni administren Narcan, un antídoto de la heroína que ayuda a revertir una sobredosis.

“Yo no soy quien decide, son ellos al ponerse la aguja en el brazo. Estamos para prevenir el crimen, no para dar primeros auxilios”, justifica el sheriff, quien parece decidido a dejar morir a los adictos.

Estados Unidos enfrenta una epidemia de abuso de opiáceos y heroína. En el 2016 costó 60 mil vidas y fue la principal causa de mortalidad en menores de 50 años, poniéndola por encima de otros padecimientos como el cáncer, los muertos por armas o los accidentes de coche.

Las muertes por heroína son ya más que las que se dieron en toda la guerra de Vietnam.

En algunos casos, las adicciones han empezado por medicamentos controlados para el dolor, que se continúan usando de forma irresponsable. Mucha medicina, por ejemplo, para el dolor tiene opiáceos pero son medicamentos controlados.

De este modo, estos medicamentos controlados son utilizados más allá de los fines médicos. Y entonces la espiral de la desgracia se dispara, pues cerca de 35 mil de las muertes mencionadas se debieron al consumo de heroína sola o adulterada. El resto correspondió en su mayor parte al abuso de opiáceos de prescripción.

Según datos de 2012, los opiáceos figuran en la mitad de recetas para el dolor en EU. De las personas a las que se les prescriben opiáceos durante un mes, la tercera parte sigue consumiendo un año después.

No podemos culpar a estos productos para el dolor, que son muy útiles para la medicina. Lo grave es la falta de control que se llega a tener. Según un estudio de Jama Psychiatry, 75 por ciento de los heroinómanos empezó con estos analgésicos.

Otro dato sobresaliente de la epidemia es que la tasa de mortalidad por opiáceos sintéticos, como el fentanilo, aumentó 72% únicamente en 2015, y el índice de muertes por heroína se incrementó en casi 21%.

Una de las peculiaridades de esta epidemia es que afecta casi exclusivamente a las personas de raza blanca.

Los adictos promedio a los opiáceos son hombres blancos, solteros, de entre 18 y 44 años, con poco nivel educativo.

Esto se debe a que los médicos tienden a recetar menos pastillas a los pacientes negros, quizás por una cuestión de estereotipos relacionados con el tráfico de drogas.

El gobierno estadounidense ha intentado combatir el problema restringiendo las recetas de opiáceos, pero esto ha elevado su precio en el mercado negro y beneficia el tráfico de la heroína, que llega principalmente de México.

Hace unos meses les platicaba en este espacio que habíamos estado en el Triángulo Dorado, en Heliodoro Castillo, en Guerrero, donde el Ejército mexicano nos llevó para poder ver cómo se hace el arduo trabajo de erradicación de la amapola en México. Esta flor de la cual sale la goma de opio para producir la heroína.

En esa zona ya, la gran mayoría de los plantíos son se heroína, ya poca marihuana se produce.

Ahí hay una disputa por las cosechas entre 16 distintos grupos del narcotráfico que constantemente pelean la siembra de la amapola, por el gran negocio que representa sobre todo cuando esta droga llega a los Estados Unidos.

Los campesinos reciben 15 mil pesos por cosecha, pero un kilo de goma de opio que es lo que se puede obtener por hectárea en Acapulco cuesta ya 100 mil pesos, y convertido en heroína ya en Estados Unidos tiene un valor de 600 dólares el gramo.

Pero también la droga está llegando a Estados Unidos vía Afganistán.

El consumo de heroína es grave, sobre todo en Estados Unidos. Por esta adicción en nuestro vecino país del norte tienen al año 60 mil muertes, tres veces más que las que se dan en nuestro país por la disputa del narcotráfico.

El problema es alarmante.

Es descabellada la opción del sheriff de Butler, en Ohio. Más bien Estados Unidos debería estar preparando importantes centros de prevención y de tratamiento para sacar adelante a los adictos, pero sobre todo tener un mejor control de las recetas de los opiáceos.

bibibelsasso@hotmail.com

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