Sábado 19.09.2020 - 23:36

Democracia en tiempos de #yonovoto

Las lágrimas de Fabiana y el error metodológico de ser mujer
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En tiempos electorales, las sociedades se vuelven hinchas, fanáticos que relinchan, se convulsionan, y a veces sangran, por el derecho a determinar su destino por medio del voto.

Pero ese destino de la sociedad, el cual creemos cambiar cada de-vez-en-cuando, ya no se determina por el voto o el debate interno, sino por elementos externos.

Las tecnologías de comunicación ofrecen la posibilidad de influir o participar en una actividad que está fuera de tu alcance geográfico. Puedes tomar una clase online con un profesor en India y también puedes opinar sobre la tenue paz de Norcorea o el gobierno de Trump sin ser ciudadano de esos países. Este fenómeno altera los componentes centrales de los conceptos y procesos democráticos y la soberanía de las naciones-Estados con las que se han construidos nuestras sociedades.

Ejemplo. En Venezuela, previo a las elecciones, un ciudadano argentino ondeó la bandera a nombre de Maduro. El evento destapó reacciones de cientos de deportistas que no eran venezolanos (y por ende sus intereses inmediatos no estaban atados a los resultados electorales de ese país). Países latinoamericanos no reconocieron el proceso por el cual se eligió al representante del pueblo venezolano. La Unión Europea opinó que el proceso electoral no garantizó elecciones libres y transparentes, y además exhortó al régimen de Caracas a crear las condiciones para unas elecciones libres. Y aquí la pregunta entonces es ¿quién impone los estándares que califican la eficacia y transparencia de una democracia?

China, perpetuo opuesto de la doctrina que consumimos, reconoció la victoria de Maduro y dijo que Venezuela tiene el derecho de manejar sus propios asuntos. Los procesos internos de un país son, entonces, legitimados o descalificados por elementos externos. Ejemplo dos. Estadísticas de la OCDE, un órgano multinacional, indican que México tiene uno de los peores sistemas educativos. Ahora, México hace todo un malabar, bajo las sugerencias del elemento externo, OCDE, para mejorar su sistema educativo. Esta acrobacia, aunque sustentada en expertos y estudios comparativos, se puede considerar una ruptura con la idea original de autodeterminación. ¿Bajo los estándares de quién se califica la educación?

Y existen más ejemplos que respaldan la tesis de que los Estados-nación se doblegan ante elementos externos. Tomemos en cuenta: la presunta influencia de Rusia en las elecciones de EU; los requisitos del FMI para que un país pueda acceder a recursos; Maradona ondeando la bandera de Venezuela; influencers de la cultura pop twitteando sobre las niñas desaparecidas en Nigeria; Cambridge Analytica vendiendo información para alterar resultados de una elección. Estos ejemplos ponen en evidencia que la soberanía y la autodeterminación, tan preciadas en tiempos electorales, resulten fake news. ¿Qué hacer? ¿Para dónde va esto de las democracias globales? En las constelaciones del poder, se plantean dos alternativas:

Acercarnos a una condición posnacional por vía de los derechos humanos y las organizaciones multinacional. En muchos países los derechos humanos básicos han sustituido las garantías de una ciudadanía.

Aceptar la variedad de identidades en la humanidad y otorgarles territorios para ejercer su cultura, visión histórica y destino común. Posiblemente el mundo sería una serie de multiciudadanías donde tu lugar de nacimiento sería “el país de las mujeres” o “la nación arcoíris” o “cataluña” o hasta “Trumpland”.

Y para ese futuro, que nos incumbe a todos, no tendremos voto.