El Chereje, pirómano en la ONU

Se agrava recesión en España, economía se hunde 0,6%
Por:
  • julian_andrade

Antonio García Reyes, El Chereje, fue quien confesó el lugar dónde se deshicieron de ocho bolsas de basura que contenían las cenizas de los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa.

Por eso, el entonces director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón, se trasladó el 28 de octubre de 2014 a las inmediaciones del río San Juan.

El Chereje tenía culpas y no quería problemas con los muertos, y acaso por ello, uno de los plásticos quedó en la orilla del río.

Al Ministerio Público le dijo que luego que se enfrío la hoguera en el basurero, recolectaron los restos y los trasladaron en una camioneta Estaquitas al puente de San Juan y desde ahí lanzaron las bolsas al agua.

Antes, El Chereje había participado en la “recepción” de los “paquetes” que tenían que entregar los policías municipales de Iguala y de Cocula. Eran los jóvenes trasladados en un camión.

“Comenzamos a amontonar muchas piedras y empezamos entre todos a acarrear los cuerpos hacia el círculo y los vamos acomodando. El Terco les echa diésel y prende fuego con un  encendedor y vamos echando leña y plástico”.

En un video de la AIC el sicario relata y describe. Su calma inquieta por la fuerza de su historia, por la brutalidad de una narración en la que se describe el propio infierno.

Son pasajes siniestros que apenas se vislumbra el dolor inmenso de lo ocurrido en el basurero de Cocula y aún antes, porque muchos de los jóvenes murieron asfixiados.

Para el informe de la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos, la historia de El Chereje cobra también importancia, pero para descalificarla. Retoman lo dicho por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), quienes señalan que el sicario fue torturado.

El Chereje tenía lesiones y éstas fueron revisadas por peritos médicos, quienes concluyeron que eran anteriores al día de su detención y que inclusive una de ellas, la del cuello, era en realidad un “chupetón”.

Más importante aún, el integrante del grupo criminal Guerreros Unidos rehusó practicarse el Protocolo de Estambul para aclarar si había sufrido malos tratos.

Para el Alto Comisionado, como para el GIEI, las diligencias realizadas por la PGR en el río San Juan y la posterior presencia de El Chereje en el lugar de los hechos son cuestionables.

Sin embargo, Tomás Zerón aclaró en su momento que todo se realizó en el marco de las facultades constitucionales con las que cuenta la Policía Federal Ministerial.

También hay que recordar que en el traslado y en las diligencias estuvo presente el abogado de El Chereje.

Es importante que los organismos internacionales analicen la actuación de la autoridad, pero es igualmente relevante que lo hagan desde una perspectiva que abone a la reducción de la impunidad.