El cuento de Los Porkys

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • Carlos Urdiales

Litigar en los medios es tendencia, los canales de información sirven como amplificador y marro para intimidar, pegan en la fama pública antes y, más que una sentencia, pesan tanto que más de uno se da a la fuga ante los avisos de programas radiales.

La historia de Los Porkys de Boca del Río, Veracruz, viene a cuento.

Una joven que es abusada por sus “amigos” a bordo de un auto en febrero del año pasado. El silencio, la vergüenza y el dolor impiden saber de ello. Los cuatro victimarios impunes mantienen su vida social activa en antros y redes sociales locales.

El acaudalado padre de la joven se entera semanas después y promete a su hija no hacerle daño a nadie (trasciende que los había mandado a matar) y continúa callado.

Más tarde el voto de silencio se desmorona: el ofendido papá cita a las familias de los cuatro muchachos, los acorrala, insulta, maldice y absuelve a cambio de no acercarse más a la chica, someterse a tratamiento psiquiátrico y grabar en video una disculpa.

Los progenitores de los ofensores prometen castigar y regañar a sus cachorros para que reflexionen.

En la antesala del proceso electoral jarocho el escándalo estalla y se hace nacional. Al gobernador Javier Duarte le toca, se habla de relaciones personales y políticas, de protección, encubrimiento y dilación de la justicia.

El fiscal del estado es sentado en el banquillo; se le inquiere, se le exhibe a través de trabajos y reportajes periodísticos, testimonios y filtraciones. Se le pregunta si Los Porkys huirán y él dice que no puede revelar lo que hace o deja de hacer; no debe hacerlo, no puede hacer aquello que el tremendo juez de la tremenda Corte le sugiere a partir de su experiencia.

Efectivamente, indicios primero, luego pruebas, dos Porkys salieron del país, uno a España, otro a Estados Unidos. La idea de los hijos de papi, émulos de lechón, depredadores sexuales tropicales encubiertos por sus padres, se fortalece e indigna.

Daphne carga doble pena: el abuso y la exposición sin sentido. El dolido padre fracasa.

Ahora los papás de los repatriados jóvenes contraatacan, denuncian extorsión, amenazas, miedo, acoso, ruina a partir de algo que van descubriendo, intuyendo y comunicando.

Tal parece que el padre de Daphne la usa como anzuelo para extorsionar, un audio de una presunta víctima previa de este modus operandi digno de cualquier serie de televisión lo desvela.

Nadie sabe qué pasó y qué no pasó. Pero eso es lo de menos, el show continúa y se alimenta de estos episodios gracias al pasaporte que otorga el verbo encarnado reportear. Nada concluyente, nada comprobable.

Pero al aire son tremendos, las versiones chocan, hay nuevas revelaciones y prometen más. Litigar en los medios sirve para hacer más profunda la fosa en la que vivimos.

urdiales@prodigy.net.mx

Twitter: @CarlosUrdiales