El difícil siguiente paso

AMLO-Peña Nieto
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A ocho días del temblor inevitablemente estamos por entrar en otra etapa. No se trata de cerrar de tajo el objetivo de encontrar al mayor número de personas vivas, aunque ya se vea como una empresa realmente complicada.

Se trata de buscar que nuestras vidas puedan seguir. Así como los capitalinos nos hemos unido y hemos hecho nuestros deberes con convicción, de la misma manera debemos entrar a la siguiente etapa.

Debemos empezar a diseñar cómo debe ser el presente-futuro de la ciudad. En el gobierno ya deberían estar en ello, hablamos de pensar en el diseño y empezar a hacer cuentas.

La ciudad no puede seguir bajo el caos y la inseguridad. El temblor está evidenciándonos como en 1985, pero bajo otra dimensión. Los innumerables problemas de construcción de vivienda que tiene la capital en algún sentido nos recuerdan a lo vivido hace 32 años.

La clave es cómo vamos a enfrentar socialmente el reto. La movilización ciudadana ofrece algunas pistas. Ni el Gobierno federal ni el de la ciudad pueden tomar decisiones sin antes consultar a los ciudadanos. Hacerlo sería traicionar y, sobre todo, no entender desde el ejercicio del poder lo que ha pasado estos días.

Pasar a otra etapa no va a ser una tarea sencilla. Muchos ciudadanos, con razón, no quieren que se dé por terminada la búsqueda de familiares y amigos. Sin embargo, hay que hacerlo. No es fácil, pero hay que considerar que dejar pasar el tiempo es una forma de seguir con la puerta de la esperanza abierta.

Si ya existen elementos para pasar a otra etapa, la de la búsqueda de hogar en lo inmediato para muchas familias damnificadas y la reconstrucción entre otros, hay que hacerlo con sensibilidad y propuestas concretas. Lo peor sería meter a mucha gente a un callejón sin salida o un vacío, lo cual podría llevar a un previsible conflicto social.

Tiene razón Rubén Cortés en su artículo de hace dos días. Aquí nadie le lleva ventaja a nadie y nadie ha estado por encima del otro. No cabe la idea porque, a diferencia de otras ocasiones, la conjunción de fuerzas es lo que ha coadyuvado a que en medio del susto, la tragedia y el dolor las cosas vayan en lo general por cauces ordenados y responsables.

Si el temblor nos ha colocado bajo una coyuntura inédita como país y ciudad lo que viene va a ser todavía más difícil. Viene el tiempo de enterrar a nuestros muertos y de saber que no podremos rescatar ni recuperar a muchas personas.

Tendremos que, sin egoísmos, pensar en nosotros y cómo debemos organizar nuestras idas y nuestras vidas. No debemos sólo buscar regresar a lo que llamamos “normalidad”, debemos cambiar muchas cosas de lo que éramos, el temblor lo evidenció.

RESQUICIOS.

• Ayer se cumplieron tres años de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero. La historia no está ni remotamente cerca del final, 120 personas están detenidas, pero ninguna de ellas está sentenciada.

El gobierno de Peña Nieto se va a llevar entre sus herencias malditas la desaparición de los estudiantes. La autoridad municipal está en la cárcel junto con su esposa, en tanto que quien era el gobernador de Guerrero renunció y no le fincaron responsabilidad alguna, ni siquiera la de omisión.

La desaparición de los estudiantes fue uno de los antes y después de este sexenio.

Así nos lo dijeron ayer:

Es evidente que las estrellas millonarias del deporte han tomado mano para solidarizarse con las comunidades afroamericanas e hispanas por la forma en que las policías y los jueces actúan en contra de ellas.

Es una influencia que viene desde abajo y que está apareciendo por todos lados, lo que incluye a los centros de poder económico y político. Los dueños de los equipos de la NFL y NBA también se han unido y solidarizado con sus jugadores. Muchos deportistas han vivido en lo personal o en su entorno la brutalidad policiaca y saben lo que significa: James Petras, sociólogo de EU.