El espejo de la caravana migrante

Enfrentarse a la crisis
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Una caravana con miles de migrantes centroamericanos huyendo de la barbarie, de la tragedia y de la falta de oportunidades se acercaba a la frontera mexicana. En un episodio lamentable, la respuesta consistió en enviar a un contingente de elementos de seguridad que cerraron el paso fronterizo y convirtieron al puente internacional en un campo de batalla.

De inmediato la opinión pública internacional se volcó a señalar la incongruencia. ¿Cómo era posible que un país que tiene 11 millones de habitantes viviendo en los Estados Unidos y que todos los días se indigna con el racismo, la discriminación y el ataque a sus connacionales reaccionara de esta manera ante la migración? Una parte importante de la respuesta a esta pregunta se encuentra en la política anti-migrante que México ha tomado para congraciarse con los Estados Unidos, negociando la cooperación binacional a cambio de endurecer la frontera sur y reducir la cantidad de personas que llegan hasta el río Bravo.

Sin embargo, no todo se trata de geopolítica regional. De manera paralela al desarrollo de los eventos, en diversas redes sociales saltó el debate debido a que más de una persona parecía conforme con lo que sucedía. Y repentinamente, muchos mexicanos se dieron cuenta que existía el racismo en su propio suelo.

Hay que reconocer con tristeza que esto no es ninguna novedad. La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) que levantó el INEGI en 2017 nos reveló que hay 19.6 millones de mexicanos (23.4% del total) que cree que cuando hay desempleo debe negarse el trabajo a las personas extranjeras. Peor aún, cuando se les pregunta a las personas con quiénes no estarían dispuestos a vivir, la respuesta que está en primer lugar, incluso por arriba de las personas con otras preferencias sexuales, de otras religiones, indígenas o infectados con el virus del SIDA, es la que corresponde a las personas de otra nacionalidad. 32,815,230 mexicanos, 39.1% del total de la población, no estarían dispuestos a que un extranjero viviera con ellos. Este número es incluso más grande que la cantidad de votos que recibió el actual presente electo.

Para tener un punto de comparación, incluso en los Estados Unidos de Donald Trump, donde la xenofobia cabalga de manera desbocada, sólo 26% de los norteamericanos cree que los migrantes dañan la economía de su país, de acuerdo con el Pew Research Center. La encuestadora Gallup reportó un número similar en junio de este año: 75% de los norteamericanos creen que la migración, tanto legal como ilegal, es buena para su país.

Nuestra política de migración responde fuertemente a la extensión de las políticas norteamericanas, pero otra parte fundamental tiene un asidero en la propia idiosincrasia mexicana. Todavía no está en nuestros pensamientos cotidianos el respeto o la inclusión igualitaria de todas las personas, sin importar ningún tipo de identidad, condición o nacionalidad. La caravana migrante debe servir como un espejo ante el que tenemos que mirarnos. Aún tenemos mucho que hacer.