El Papa Francisco y el embajador gay: un caso de Nimby

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Mauricio I. Ibarra

El acrónimo inglés Nimby (Not in my backyard) “No en mi patio trasero”, se refiere a la actitud de algunas personas que, a pesar de considerar que ciertas instalaciones son necesarias, se oponen a ellas cuando se ubican en su entorno. Los recientes intentos de modernización de las relaciones entre el catolicismo y la comunidad gay, ofrecen un claro ejemplo de ello.

En julio de 2013, pocos meses después de haber sido electo, el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica señaló que si un gay buscaba a Dios y tenía buena voluntad, quién sería él para juzgarle. El simple hecho de haber usado el término inglés “gay”, no el clínico “homosexual”, utilizado generalmente por las autoridades eclesiásticas, dejó ver un cambio del Papa hacia esa minoría. Meses después, el Papa Francisco respondió personalmente la carta enviada por un grupo de homosexuales católicos de Florencia, haciéndoles saber que apreciaba su comunicación y bendiciéndolos. En enero pasado, el Obispo de Roma recibió en audiencia privada a un transgénero español, quien previamente le había escrito una carta solicitándole su apoyo ante el rechazo que había sufrido en su localidad natal desde que cambió de sexo. Tratando de mantener una ponderación con posiciones tradicionales, Francisco ha reiterado la doctrina que reconoce como matrimonio únicamente al celebrado entre mujeres y hombres, reiterando su oposición a las uniones de personas del mismo sexo.

Los altibajos en la búsqueda de equilibrio se complicaron recientemente con motivo del relevo del embajador francés ante el Vaticano. A principios de enero, el gobierno de Francois Holland propuso a Laurent Stefanini como representante. El Vaticano usualmente tarda seis semanas en expresar su aprobación. Un silencio después de transcurrido ese periodo es considerado como un rechazo al embajador propuesto. La renuencia papal no está fundamentada en la inexperiencia profesional de Stefanini: es jefe de protocolo de la presidencia francesa y fue canciller ante la Santa Sede de 2001 a 2005. Tampoco es cuestión de credo religioso, pues el diplomático de 55 años pertenece a la minoría de 4.5% de católicos galos que asisten a misa semanalmente. La oposición papal obedece a su pertenencia a otra minoría, ya que Stefanini es abiertamente homosexual.

En 2008, la Santa Sede no otorgó su beneplácito a la propuesta de Nicolás Sarkozy de un embajador homosexual. El caso actual es distinto, no sólo porque Francisco había mostrado cierta apertura hacia la comunidad gay, sino también porque se trata del gobierno que en 2013 legalizó el matrimonio homosexual. Dado que Holland reiteró su nominación en abril pasado, el Papa se sintió obligado a recibir a Stefanini el 18 de ese mes para explicarle personalmente las razones del rechazo. La renuencia vaticana para aceptar a Stefanini, muestra a la comunidad católica gay los límites de aceptación dentro de su Iglesia. Parecería como si el llamado papal para aceptar los derechos de los homosexuales es válido mientras no afecte su patio trasero.

mauricio.ibarra@3.80.3.65