Freno a la violencia contra las mujeres

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Por:

Mauricio Farah

La violencia contra las mujeres en México está aumentando. Diversos conteos apuntan que, entre 2006 y 2012, los feminicidios se incrementaron en 40%. Las estadísticas muestran que desde hace tiempo se perfilaba una tendencia a la alza en la violencia de género.

De acuerdo con datos de ONU-Mujeres, en los últimos 28 años se han registrado 44,646 asesinatos de mujeres. Según datos del Inegi, entre 2000 y 2009 fueron asesinadas 12,636 mujeres, esto es, un promedio de 1,263 cada año.

La ONU reporta que durante 2013 en nuestro país fueron privadas de la vida 2,502 mujeres, esto es, siete cada día, y que 95% de los casos queda impune.

Recientemente, en menos de un mes, la Secretaría de Gobernación emitió alertas contra la violencia de género en el Estado de México y Morelos. Además, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) estudia si se emite esta alarma en otros siete estados: Baja California, Chiapas, Colima, Guanajuato, Michoacán, Nuevo León y Sonora.

Aun cuando desde hace siete años la ley estableció la emisión de alertas contra la violencia de género, apenas recientemente se modificó el reglamento para agilizar la determinación de la alerta. Si bien es tarde para quienes se cuentan entre las víctimas, es oportuno para las mujeres vulnerables que pueden librarse de la violencia si las medidas que implica la alerta, en los rubros de seguridad, prevención y justicia, son aplicadas con eficacia.

En México las mujeres padecen un entorno adverso que incluye menosprecio, inequidad, exclusión, mismo que propicia y alienta el abuso, la violencia sexual, la trata de personas. La mujer pasa a ser objeto, mercancía, vida desechable. El círculo se cierra con la revictimización en las instancias de procuración e impartición de justicia. Si una mujer denuncia violencia intrafamiliar, se le obliga a la conciliación; vuelve más tarde porque la violencia continúa y de nueva cuenta se le envía a casa con una promesa vacía. En muchos casos la mujer ya no regresa a denunciar, no porque la violencia haya cesado sino porque su extremo, el homicidio, ha cruzado la línea de lo irreparable.

Una mujer víctima de violación tiene que probar que no fue ella la responsable: quizá sus formas de vestir, de hablar y de relacionarse fueron las causas. Pobre violador, que se vio forzado a cometer su crimen. Se han documentado casos de mujeres asesinadas sobre cuyo cadáver su victimario colocó mantas o carteles con supuestos mensajes del crimen organizado. La treta funciona: las autoridades dan por cerrado el caso. Por todo ello es indispensable que las medidas adoptadas mediante las alertas sean implacables y que, igualmente importante, la justicia de todos los días, a la que está obligado a procurar e impartir el Estado, sea capaz por sí misma de frenar esta ola de violencia de género.

Twitter: @mfarahg

Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista

en derechos humanos.