Jueves 24.09.2020 - 01:04

Guadalajara, cuando pensaron que el peligro había pasado

AMLO-Peña Nieto
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Las escenas en las calles de Guadalajara fueron brutales; eran de nuevo como las de una ciudad en guerra. Camiones quemados y, dentro de ellos, pasajeros agredidos sin poder defenderse ni salir de ellos. Testigos nos cuentan que “decir que fue una pesadilla no alcanza a definir en su justa dimensión lo que vivimos y seguimos viviendo”.

En los últimos años se creyó que Guadalajara había dejado atrás sus pesadillas. En 2015 todo se vino abajo. Recordará que a lo largo de todo un día la ciudad fue materialmente tomada por la delincuencia organizada.

Los enfrentamientos entre el CJNG y las autoridades se extendieron por toda la capital de Jalisco. No había manera de que los ciudadanos salieran de sus casas o se movieran; todo era una especie de zona de guerra.

Con matices, la historia se repitió el lunes pasado. No es comparable, pero se repitió el modus operandi. La diferencia fue que las autoridades sabían de la posibilidad de un ataque en contra del exfiscal del estado, hoy titular del Trabajo. Funcionaron los servicios de inteligencia y la capacidad de reacción ante las agresiones.

Sin embargo, esto no evitó tragedias en varias familias tapatías. La más dramática y dolorosa fue la de una joven pareja con un bebé de 8 meses, Tadeo. La madre y su hijo no pudieron salir del camión que fue quemado, todo parece indicar que por integrantes del CJNG.

Lo anterior indica que a los perpetradores de los actos de violencia poco o nada les importaron los pasajeros de los camiones y, en general, la gente en la calle, que estaba en el peor lugar en el peor momento.

Lo que querían era, por encima de todo, hacer una demostración abierta de fuerza ante la autoridad y ante lo que se les pusiera enfrente. Se vivió de nuevo en Guadalajara el caos y la manifestación de un grupo delincuencial al que no le importaron las consecuencias de sus actos, sean las que fueran, entre la población civil.

Tadeo es la prueba de ello. El bebé de 8 meses quedó calcinado en una manifestación de poder, brutalidad y una profunda insensibilidad, que deja en evidencia, una vez más, el absurdo en que se ha convertido la estrategia de gobierno en contra de la delincuencia organizada.

No quedan claras las razones de la calma vivida en Guadalajara a lo largo de muchos años, particularmente a raíz de la detención del hoy liberado-fugado Rafael Caro Quintero. No se sabe si se debió a que se “pusieron de acuerdo” autoridades y delincuentes, con todos los riesgos que esto conlleva, o si se diseñó una efectiva estrategia que logró parar la violencia en la ciudad y en buena parte del estado.

Lo que pasó el lunes le volvió a quitar la respiración a los tapatíos. Pensaron que el peligro había pasado, pero a punta de balazos y de quema de camiones se dieron cuenta que todo sigue en más de un sentido igual, y que una posible solución al problema de la violencia latente no se vislumbra por ningún lado.

Los tapatíos  y las tapatías no se llaman sorprendidos por lo que pasó el lunes; “se veía venir”. La gente no esconde su opinión, sus declaraciones son fuertes e informadas; quién mejor que ellos para decir lo que pasa. Sin embargo, en la mayoría de los casos omiten sus nombres, “si saben quiénes somos no hay cómo defenderse”.

La muerte de Tadeo es la cara de lo que está pasando en Guadalajara. Es la muerte del bebé, es la manifestación y seguramente la gestación del odio presente y a futuro. Es la impunidad y un dolor interminable.

Como tristemente dijo el papá de Tadeo, “ayer enterré a mi bebé, y ahora estoy esperando que se salve mi mujer, quien está al borde de la muerte, porque tiene el 90% de su cuerpo quemado”.

RESQUICIOS.

López Obrador debe escuchar opiniones diversas sobre el caso Nestora Salgado. No tiene sentido sólo criticar o ver como acto en su contra la conferencia de prensa de ayer sobre el caso, encabezada por Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí. Se dijeron cosas que se deben aclarar.