Jueves 3.12.2020 - 22:41

Herencia emocional

Riesgos y oportunidades de la soledad
Por:

 

“Recordar es el mejor modo de olvidar”

(Sigmund Freud)

 

Las emociones que aceptamos y que dejamos crecer irreflexivamente se vuelven poderosas. Las historias que alimentamos y las que desalentamos, nos confirman la persona que creemos ser. El solitario, la enojona, la niña buena, el desaforado, el depresivo, la rebelde.

Los modos de estar en el mundo se recibieron, simbólicamente, del pecho de nuestra madre cuando fuimos bebés. Se trasminan en las palabras, en las miradas de aprobación o rechazo, en las formas de divertirse o en la relación con el dinero.

Tal vez usted proviene de un lugar en el que trabajar era la prioridad; la cultura del esfuerzo, del estudio y de las buenas calificaciones, como el faro que guiaba a todos los miembros de su familia. O quizá en su casa hacer lo correcto siempre fue lo importante y no así pasarla bien, disfrutar, relajarse, entregarse al ocio. El juego, los paseos, los fines de semana, las vacaciones, las caminatas, pueden no haber sido parte de su formación, porque la vida se trataba de hacer las cosas bien y de obedecer.

Hacer las cosas porque es el deber resulta primero que nada, agotador. Es como si usted siempre estuviera de guardia, autoevaluando su desempeño. Nada de mediocridades ni de ser del montón. Siempre inteligente, siempre disciplinado.

Sin duda, el camino de la ética pasa por ahí. Usted sabía lo que tenía que hacer y durante mucho tiempo ni siquiera se lo cuestionó. Pero llegó el día en que hacer lo correcto se volvió insuficiente y esclavizante como motivación única. Incluso semilla de ansiedad y depresión. Porque es imposible hacerlo todo bien.

Un día por la mañana, sin causa aparente, usted se despierta sin ganas de nada y lo mismo le ocurre durante varias semanas. Es posible que esté deprimido y sin saber porqué, mira su pasado y asocia su desánimo con el de su padre. Con lo que sintió y observó, más que con el discurso explícito. Se le ocurre pensar que la sombra de la tristeza siempre rondó a su padre, a pesar de haber sido un hombre trabajador, entregado y estricto, pero que no sabía cómo dejar de pensar, relajarse y divertirse; que vivió perseguido por la obligación de ser intachable y que en el intento de nunca equivocarse, se le fue la vida. Tanta auto exigencia le costó la capacidad de sonreír.

Es posible que estas semanas en las que le ha sido tan difícil levantarse, tengan una conexión invisible con la infancia: No es una depresión. Es acceder a emociones de desánimo o agotamiento que tal vez no son suyas sino un legado emocional; resonancias inconscientes de otros personajes de su vida.

También es parte de su legado, en otros momentos, levantarse rápido, vestirse, hacer el desayuno e irse a trabajar. Junto con las sombras, aprendió a sobreponerse y a luchar. Porque también atestiguó eso casi todos los días mientras fue un hijo de familia.