Historiar el neoliberalismo

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Por:

Rojas Rafael

El nuevo libro del sociólogo mexicano Fernando Escalante Gonzalbo, Historia mínima del neoliberalismo (2015), editado por El Colegio de México, es una invitación al debate del sentido de las políticas públicas predominantes a nivel global. Una invitación, me atrevo a decir, más desde la historia e, incluso, desde la historia intelectual, que desde la sociología y las ciencias políticas, pero que discute centralmente la manera en que pensamos y hablamos del neoliberalismo en la esfera pública.

Es un acierto de Escalante no haber enmarcado el neoliberalismo en el momento de su mayor apogeo económico y político, en las dos últimas décadas del siglo XX, como han hecho David Harvey y otros autores. La historia intelectual del programa neoliberal —reducción del Estado y el gasto público, desregulación, privatización, expansión del mercado, monetarismo…— se remonta a los años 30 y 40 del siglo XX, cuando un grupo de economistas y pensadores austriacos (Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Karl Popper…) propuso una manera de dirigir la economía y la sociedad ubicada en las antípodas de la política económica keynesiana o socialista.

Si en sus orígenes el programa neoliberal poseía una dimensión filosófica, de aspiración al absoluto, entre los años 60 y 70, al calor de la Guerra Fría, se convertirá en una teoría económica específica. La obra teórica que desarrollaron en Chicago y otras universidades de Estados Unidos, economistas como Milton Friedman, James Buchanan y Gary Becker, señalaría el momento de traducción de la filosofía originaria en método de la política económica.

Escalante se detiene en el hecho curioso de que una teoría concebida, en buena medida, desde uno de los bandos de la Guerra Fría, haya vivido su fase más instrumental, de aplicación y expansión, durante los años 80 y 90, justo cuando se acelera la crisis del campo socialista, previa a la caída del Muro Berlín y la descomposición de la URSS. Dicho de otra manera: surgido dentro del campo anticomunista del mundo bipolar, el neoliberalismo tuvo su mayor rendimiento en el ocaso de la Guerra Fría y los inicios de la era postcomunista.

Las páginas que Escalante dedica a la aplicación del programa durante los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher ilustran ese proceso de mutación de una teoría filosófica y económica en una ideología y una técnica globales. Sin embargo, el impacto del neoliberalismo en América Latina, especialmente en los años 90, no merece un tratamiento tan detallado en el libro. Una explicación de esa ausencia sería que Escalante se propuso hacer la historia intelectual de un fenómeno global y no la descripción de sus manifestaciones políticas.

Historiar es, como pensaba Michel de Certeau, certificar una defunción. El lector persuadido por esta idea busca en la Historia mínima del neoliberalismo la confirmación de que la era neoliberal ha llegado a su fin. Sin embargo, a contrapelo de otras visiones contemporáneas del fenómeno, Escalante cree que el neoliberalismo sigue vigente. No nos dice demasiado si esa vigencia implica discontinuidades con el neoliberalismo épico de los 80 y 90. De hecho afirma que el programa neoliberal sigue “siendo el esqueleto del sentido común de nuestro tiempo”.

Es probable que haya aquí una subestimación del impacto de la crisis de 2008 y 2009 o de la proliferación de distintas modalidades de capitalismo de Estado en el siglo XXI, como han observado Ian Bremmer, Niall Ferguson y otros autores. En todo caso este libro de Fernando Escalante es una de las pocas aproximaciones serias a un tema secuestrado por las ideologías mediáticas y los residuos mentales de la Guerra Fría.

rafael.rojas@3.80.3.65