Hitler: la fuerza del delirio

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Por:

Julián Andrade

Hugh Trevor-Roper trabajaba en los servicios de inteligencia británicos cuando recibió del jefe del contraespionaje inglés una orden que cambiaría su vida: “Averigüe qué ocurrió con Adolf Hitler”.

La misión revestía problemas, porque los primeros en llegar al búnker, construido debajo de la cancillería en Berlín, habían sido los rusos, quienes no solían compartir información.

Es más, sólo con la liberación de algunos prisioneros, años después de la derrota alemana, es que se tendría un panorama más preciso.

Esto provocó que se generaran toda clase de leyendas alrededor de la muerte de Hitler, Eva Braun y la familia Goebbels.

Trevor-Roper se las ingenió para indagar, hacer entrevistas y analizar todos los datos disponibles. Gracias a ello hoy contamos con una obra que describe lo que ocurrió a partir del 25 de abril y hasta el suicidio del líder nazi el 30 del mismo mes.

Los últimos días de Hitler es la crónica del último delirio de un sujeto que cambió, para mal, la historia del mundo y que por fortuna no pudo avanzar en la construcción de un verdadero imperio del mal, aunque dejó secuelas que aún perduran con una mezcla de miedos e ignorancia.

Una noche, en medio de las noticias y los informes sobre el frente de guerra, Hitler le dijo a Goebbels: “Nunca saldremos de este edificio por nuestra propia voluntad. Nada en el mundo nos obliga a abandonar nuestra posición”.

Desde ese momento, iniciaron los preparativos para la representación final, trágica y patética a la vez.

Trevor-Roper escribe: “Hitler y Eva Braun dieron la mano a todos, y luego se marcharon a sus habitaciones (…) Se oyó un solo disparo”.

Fuera del área privada se encontraban Bormann, Goebbels, Burgdorf, Krebs, Hewel, Naumann, Voss, Rattenhuber, Hoegl, Guensche Lingue y cuatro mujeres.

Hitler se pegó un tiro en la cabeza y Braun, con quien se casó horas antes, se envenenó. Los cadáveres fueron incinerados en uno de los pequeños patios fuera del búnker. Era el 30 de abril de 1945.

El agente Trevor-Roper terminó su informe en noviembre de ese mismo año. Lo publicaría años después con el objetivo de mostrar al mundo la ausencia de gloria y la verdad en la corte nazi.

Han pasado 70 años. Queda clara la pobreza intelectual de Hitler y los suyos, los resortes macabros de su ideología, pero también la fuerza de sus simplificaciones.

Eran, ni duda, una pandilla de locos. Lo grave es que pudieran seducir y que aún lo hagan.

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