Javidú y Alejandro Gutiérrez

Fase 2
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Moraleja: La justicia se imparte (o no) en los juzgados, no en los medios. Para México, el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, es un ladrón de época, sinvergüenza que contribuyó al desmoronamiento del PRI. Estereotipo del político, joven o viejo, corrupto sin remedio.

Para la historia queda su imagen en televisión con Loret de Mola el 12 de octubre de 2016 anunciando que solicitaba licencia para enfrentar las acusaciones por haber desaparecido miles de millones de pesos del erario jarocho.

Salió de aquella entrevista, se fue a Veracruz, jugó golf y huyó en un avión oficial. Seis meses pasaron para que las autoridades pudieran ubicarlo en Guatemala donde ingresó con falsa identidad y repartiendo miles de dólares para borrar su rastro. Lo pescaron, deportaron y encerraron hace 17 meses.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) realizó 220 auscultaciones financieras a las arcas del estado entre los años 2011 a 2016 y documentó; que 61 mil millones de pesos desaparecieron, 23 mil de forma definitiva, 4 mil 700 devueltos, pero retirados de nuevo a través de cuentas bancarias de terceros y otros 38 mil millones simularon reintegrarlos. Se estima, robó más de 45 mil millones de pesos.

Mexicanos Contra la Corrupción y el portal Animal Político documentaron, a partir de la ASF, lo que conocemos como la “Estafa Maestra”, mecanismo de simulación burocrática a través de empresas fantasma para saquear dinero público.

Medios han dado cuenta del decomiso de casas, terrenos y cuentas; el gobierno de Veracruz de bodegas y el diario de Karime Macías con páginas completas del célebre “merezco abundancia”. No olvidar que algunos colaboradores pusieron a Javier Duarte como heredero único en testamentos.

Pero los medios no imparten justicia, mala fama, seguro; la rabia social se nutre ahí y la conciencia pública, documenta su pesimismo.

Javier Duarte se ha declarado culpable de lavado de dinero y asociación delictuosa; conforme a derecho abrevió el juicio, lo sentenciaron a nueve años de prisión, los decomisos realizados suponen para el juez una suerte de reparación del daño, una multa de 58 mil pesos y venga la aritmética a la que Duarte y cualquiera, tienen derecho; de los nueve años, lleva uno y medio preso, en tres más alcanzará el 50 por ciento de la pena y entonces, tendrá acceso a la libertad con reservas. Dentro de 36 meses Javidú gozará abundancia.

Lo demás, discursos, amenazas y mentadas, sobran. La Ley es pareja y en su caso el Ministerio Público federal sólo pudo fincar los delitos que él acepta haber cometido. De los expedientes en Veracruz nada procederá porque están mal documentados. Acusarlo por delitos de lesa humanidad es fantasía, linchamiento social, nada más. Así la justicia en el caso Duarte.

Otra. El exsecretario general del PRI en 2015, Alejandro Gutiérrez, fue excarcelado ayer. Está acusado de desviar 225 millones de pesos desde la Secretaría de Hacienda al partido.

El gobierno de Chihuahua se negó a trasladar a Gutiérrez a una prisión federal cuando los delitos, presuntamente cometidos, así lo demandaban. Pleito político mayor, conferencia de prensa de Javier Corral acusando a la federación de chantajear a la entidad para liberar al priista a cambio de recursos.

Ante la orden de un juez, policías locales se atrincheraron alrededor del reclusorio para impedir que fuerzas federales fueran por el reo. Hoy, Alejandro Gutiérrez está en una casa reunido con su familia y con un grillete electrónico fijado a su tobillo.

Pronto quedará libre, las pruebas en su contra han sido desestimadas y sólo le resta una querella por un millón y medio de pesos. Se dice preso político. Lo parece. Contrademandará. Con la prosa del gobernador Corral, la otrora condena mediática se diluye y queda sólo la absolución legal, que es y será la que cuente, guste o no. La retórica del pataleo sobra.

Así, la justicia en México espera una transformación. Que se litigue más en las cortes y menos en los medios, que ya ve, sólo enojo deja.