Lunes 13.07.2020 - 06:04

La China roja se pinta de verde dolar

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Montserrat Salomón.

Los excesos del gigante asiático han salido a la luz con una fuerza descomunal que difícilmente será acallada por sus líderes y sus estrategias de censura. La bomba de Chinaleaks detonó fuerte y ha obligado a la cúpula del gobierno chino a enfrentar la corrupción que su acelerado crecimiento económico y la opacidad de sus instituciones han fomentado.

El listado de cuestionables sociedades en paraísos fiscales pertenecientes a familiares directos de los principales hombres del poder chino, así como los escandalosos estilos de vida de los hijos de los millonarios del gigante asiático, desataron la furia de Pekín y el bloqueo de las páginas webs de los principales periódicos internacionales.

El intento de bloqueo pronto se convirtió en una estrategia de descrédito. Sin embargo, el daño está hecho y el gobierno chino enfrenta una encrucijada que definirá en buena medida su credibilidad internacional.

Sin aceptar como cierta la información vertida en los medios ni comprometer futuras acciones, el portavoz del gobierno aventuró un comentario que deja abierta la puerta a una posible investigación sobre corrupción: “se demostrará que los limpios son limpios y los sucios son sucios”.

Una cosa queda clara: el espectacular repunte económico chino no está exento de los vicios occidentales que tanto han criticado en el pasado. La condición humana no respeta ideología y el dúo del poder y el dinero ha generado en la cúpula china lo mismo que en las demás economías capitalistas, luego de un periodo de crecimiento fuerte: una oligarquía con absoluta falta de respeto a las diferencias sociales y al pueblo que sostiene su alto tren de vida.

El Partido Comunista Chino (PCCh) no es una tierra utópica lejos de las tentaciones mundanas. La apertura económica no sirvió para llevar a este pueblo a una sociedad más democrática, sino para mantener a millones de personas como las piezas de una maquinaria que enriquece a los hijos del poder.

El gran peligro de esta situación es lo precario en materia de derechos civiles y políticos de los chinos. ¿Quién podrá ponerle un paro a un gobierno que no permite intromisión alguna, ya sea interna o externa?

Sin unas instituciones que no funjan como juez y parte para regular la acción de sus hombres de poder y sin la apertura necesaria al libre flujo de la información, China está destinada a enmohecerse y caer en la descomposición propia de la corrupción.

Esperemos que el escándalo crezca para obligar al gobierno chino a comprometer medidas regulatorias que doten a su pueblo de, al menos, algún medio para defenderse del abuso de la nueva generación que ostenta tanto el poder económico como el político. Hasta en China hay ciudadanos de primera y de segunda.

msalomonf@gmail.com