La iguana que masca

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • rodolfoh-columnista

No son buenas noticias para nadie, cuando por todos lados se dice que el exdirector de Pemex fue uno más de los muchos políticos y funcionarios latinoamericanos corrompidos por la empresa brasileña Odebrecht. Una más que esta administración le cargará al PRI para la próxima contienda electoral.

Son de esas bombas noticiosas que hacen que la corrupción, anidada en otros lados, se pierda y pueda pasar impune. Pero así es este mundo noticioso, al grado que hoy ya no se habla de la amenaza nuclear norcoreana y las discusiones se centran en la marcha racista en Charlottesville.

Lo único bueno es que los medios tienen diferentes secciones y periodistas para evitar que las ramas no nos tapen la vista del bosque. Aunque claro, en los casos de corrupción que hemos visto en los últimos años, parece que existe uno, del tamaño de la Selva Negra, repleto de mala hierba.

Aquí, en nuestra ciudad, han surgido dos pequeños detalles en el paisaje, pero que no pasaron inadvertidos. El primero ocurrió la semana pasada, cual si fuera una revelación, cuando hablé de un amigo incómodo del secretario de Salud local, el tristemente célebre diputado de Morena, Carlos Lomelí.

Decía yo que durante largo tiempo, este personaje, cercanísimo a López Obrador y a Marcelo Ebrard, había estado incluido dentro de la lista del Kingpin Act del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Y al día siguiente de escribir esto, estalló casualmente la bomba noticiosa de Rafa Márquez y Juilón Álvarez (el primero vinculado al señalado diputado).

Pero lo escandaloso no es la relación con el futbolista, sino los miles de millones de pesos, en contratos por asignación directa, que obtuvo Lomelí del gobierno de Ebrard para la compra de medicamentos (mismos que provenían de los laboratorios que los norteamericanos sospechaban —¿o sospechan?— que producían precursores de metanfetaminas, para un cártel del narcotráfico).

Y amor con amor se paga. En recompensa a que Lomelí estuvo muy activo en labores de recaudación (no sabemos si de votos o de dinero) para la enésima campaña del tabasqueño en 2012, el dedito elector lo hizo diputado también por asignación directa: ¡sí señor! Cual si fuera una película de Luis Estrada.

Y el otro detallito que no pasó desapercibido es la candidatura de Layda Sansores para delegada en Álvaro Obregón, abanderando obviamente a Morena (que también da para un largometraje). Es evidente que la campechana es una pésima candidata: porque además de no conocer la demarcación, dado que infructuosamente se la ha pasado queriendo gobernar su natal Campeche, parece ser una persona desequilibrada (políticamente hablando, claro).

Su candidatura da la impresión de un arreglo en lo oscurito entre López y sus socios Bejarano y Leonel Luna (estos últimos los mandamases de la delegación). Con la candidatura de Sansores, es evidente que ya se arreglaron para mantener el negocio (perdón, autotexto, el poder quise decir). Bejarano como un pequeño y astuto pejelagarto, movió sus piezas con maña e inteligencia. ¿Ahora sí quedó claro de qué lado masca la iguana?

Twitter: @RudyCoen