Martes 24.11.2020 - 00:17

La tragedia enferma

“En un país desigual las mujeres somos el blanco de la violencia”
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Han pasado 32 años desde la mañana del 19 de septiembre de 1985, cuando se vivió el temblor que devastó a la Ciudad de México. Ese movimiento telúrico de 8.1 grados en la escala de Richter, provocó una tragedia que nunca se podrá olvidar. El terremoto ocurrió a las 7:19 de la mañana, y su epicentro fue en el Océano Pacífico, en la costa del estado de Michoacán, y tuvo una duración de dos minutos. Fue tanto trepidatorio como oscilatorio y liberó la energía equivalente a  mil 114 bombas atómicas de 20 kilotones a la vez.

Aunque se desconoce el número total de víctimas y de heridos del temblor, se estiman entre seis y siete mil personas fallecidas, según cifras oficiales, dejando a 250 mil personas sin hogar, 33 mil 224 damnificados y labores de rescate prolongadas durante más de un mes. La remoción de los escombros se prolongó hasta diez años despu és del sismo.

Los días posteriores a la pérdida son los más duros, a consecuencia del temblor del 85 se reportaron numerosas “epidemias” de depresión, psicosis colectiva, estrés postraumático y actitudes violentamente neuróticas que ameritaron la intervención de más de mil capacitadores de la Coordinación de Psiquiatría y Salud Mental del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Según un estudio realizado en 1985, el 28 por ciento de las personas atendidas presentó síndrome postraumático del estrés; el 54 por ciento ataques de miedo. “Asimismo se pudieron detectar otros trastornos psicopatológicos: ansiedad generalizada (18 por ciento); estados depresivos (14 por ciento); estados fónicos y disociativos (dos por ciento), aunque únicamente el 0.3 por ciento requirió de hospitalización”.

Otras de  las conclusiones a las que llegó el estudio fueron que “a medida que transcurrían las semanas se presentaron otras manifestaciones psicológicas, que consistían fundamentalmente en estados de desilusión, apatía e incertidumbre ante el futuro”.

Lo mismo está empezando a suceder en Oaxaca, Chiapas y parte de Tabasco a consecuencia del sismo del pasado 7 de septiembre. Hubo casi 100 personas que perdieron la vida y miles que se quedaron sin vivienda. La depresión y la ansiedad en muchas personas empiezan ya a manifestarse.

Son innumerables los estudios psicológicos que se han hecho evaluando víctimas de desastres naturales. Todos coinciden: la depresión y el estrés postraumático casi siempre están presentes después de este tipo de tragedias.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se puede sufrir luego de vivir o ver eventos traumáticos como la guerra, huracanes, violaciones, abusos físicos o un accidente grave o un sismo en la ciudad en la que se habita.

Este trastorno hace que los afectados se sientan estresados y con temor, luego de pasado el peligro y comienza en momentos diferentes dependiendo de la persona.

Estos síntomas pueden empezar inmediatamente después del evento traumático y permanecer. Otras personas desarrollan síntomas nuevos y más serios meses o hasta años más tarde.

Con el estrés postraumático viene el trastorno de depresión. Tan sólo en México, la depresión tiene un costo en el ámbito laboral anual que se estima en 14 mil millones de dólares, equivalente a casi dos veces el presupuesto anual de la Secretaría de la Defensa Nacional. Estas pérdidas se manifiestan en un decremento de la productividad y del bajo rendimiento laboral.

Imagínese usted sumar un problema serio de depresión en la población de las zonas afectadas. Se debe tomar en cuenta para poder restablecer la normalidad en esas comunidades.

Otro estudio demuestra que las mujeres son más vulnerables en tragedias provocadas por desastres naturales. “El sexo demostró ser un factor de vulnerabilidad. El síndrome postraumático de estrés se presentó en el 12 por ciento de las mujeres y solamente 3 por ciento de los varones”.

Y las mujeres son 14 veces más propensas a morir en una situación de peligro extremo por un desastre natural, esto debido a que se sienten más comprometidas con el cuidado de sus seres queridos o bienes.

Han pasado 32 años y  ninguna de las personas que les tocó vivir ese sismo lo olvida.

Y son ya 12 días, desde el sismo del pasado 7 de septiembre, suficiente tiempo para que los damnificados se enfrenten con su nueva realidad, una que tardará mucho tiempo en volver a la normalidad y cada día que pasa genera más angustia y desesperación. Es un tema serio de salud mental que debe ser tomado en cuenta.

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