La tragedia y la farsa en Venezuela

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Karl Marx escribió alguna vez que todos los hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces: primero como tragedia y después como farsa. En la primera intervención, los hechos cumplen, según el propio Marx, la misión de su tiempo; mientras que la siguiente vez no es más que una parodia que trata de reutilizar viejos ropajes con consecuencias desastrosas.

En este caso, el primer momento puede ubicarse a finales de los años cincuenta en China, cuando Mao declaró que para la rápida industrialización y crecimiento del país tendrían que llevar a cabo el “Gran Salto Adelante”. En este experimento del comunismo chino, el gobierno obligó a todo el país a centrarse en un gran objetivo de producción metalúrgica e industrial, colectivizó la producción agrícola y tomó las riendas de la economía.

Desconectado totalmente de la realidad, Mao llevó a su pueblo a fundir sus propias herramientas con tal de cumplir las grandes metas acereras señaladas por el gobierno y desatar una crisis terrible. La tragedia fue inevitable y de proporciones nunca antes vistas: alrededor de 30 millones de chinos murieron de hambre.

El segundo momento, la farsa, apareció recientemente; sólo que en lugar de llamarse “Gran Salto Adelante” e inscribirse en el comunismo chino, se trata de la “Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro” en el llamado Socialismo del Siglo XXI venezolano.

En medio de una crisis política, inflacionaria y humanitaria en la que los productos más elementales son casi imposibles de conseguir, el gobierno de Nicolás Maduro ha decidido utilizar los poderes que le otorga el Estado de Excepción para emprender en Venezuela una “Gran Misión” en la que pretende crear “nuevos procesos de producción eficiente y sostenible”.

Cuando uno lee este plan, lo primero que salta a la vista es que quien encabezará esta transformación económica será el Ministerio de Defensa, por lo que la transformación no será precisamente amistosa.

Como una de las herramientas para llevar a cabo esta misión, el gobierno publicó la semana pasada la resolución 9855, en la que, de manera sucinta, obliga a todas las empresas, públicas y privadas, a permitir que sus trabajadores con “condiciones físicas adecuadas” sean asignados para trabajar “temporalmente” en el sector agroalimentario. Es decir, cualquier persona con cualquier trabajo puede ser tomada por el gobierno y transferida al trabajo en el campo sin mayor justificación que la Gran Misión que el gobierno está por emprender. Sin tapujos, se trata del Estado pudiendo convertir a cualquiera en un trabajador forzado.

Las palabras para describir o cuestionar esta locura salen sobrando cuando los resultados que podemos esperar ya nos han sido enseñados por la historia. Venezuela se encamina hacia un despeñadero en el que ser el país con la mayor inflación y la contracción económica más fuerte serán problemas menores. En una amarga ironía de la historia, aquellos que se dicen socialistas del siglo XXI reviven aquellas ideas y tragedias que el propio padre del socialismo quiso advertir y evitar.

leonugo@yahoo.com.mx

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