Libertad, igualdad y fraternidad

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Montserrat Salomón.

Las elecciones presidenciales en Francia entraron en su fase final y tienen a países como España, Grecia e Italia pendientes de este proceso esperando que se concrete la anunciada victoria de Hollande. El candidato de la socialdemócrata ha prometido un contrapeso a las estrictas políticas de austeridad dictadas por Merkel y se espera que, con Francia de su lado, estos países puedan encontrar un respiro ante su angustiosa situación.

El ejercicio democrático que se vive en Francia es significativo no sólo para los habitantes del país galo. En la decisión que han de tomar el próximo 6 de mayo no sólo se elegirá al nuevo Presidente, sino el modelo económico que han de seguir los franceses para recuperarse de la crisis. Además, el voto reflejará el creciente conflicto que está desgarrando el tejido social europeo en dos grupos irreconciliables: los que apuestan por una Europa solidaria e integrista, y los que quieren retroceder lo andado optando por la xenofobia.

La crisis que vive Europa no sólo la divide en el norte rico y el sur pobre; también ha provocado el resurgimiento de peligrosos nacionalismos xenófobos que luchan contra la integración multicultural y la idea básica que inspiró a la Unión Europea: la integración en un territorio comunitario.

Hoy, como hace años, escuchamos discursos de ultraderecha —como los de Le Pen con su preocupante 18 por ciento en la primera ronda— que abogan por los “valores nacionales” y el cierre de fronteras.

Debemos recordar que estas ideas ya han costado muchas vidas en el pasado y que incluso hoy han derramado sangre como en el caso de la masacre en Noruega.

Sarkozy utiliza la política del miedo para lograr votos. Esta estrategia tiene sus frutos, pero también conlleva riesgos altos en momentos en los que Europa vive tiempos de angustia. No es prudente sembrar el terror y el recelo entre los pueblos, tenemos muchos dolorosos ejemplos de que estas estrategias terminan con lágrimas de gente inocente. Esperemos que la prudencia del electorado francés ponga en su lugar a su todavía Presidente y sea el ejemplo vivo de los ideales de la República que tanto se admiran a lo largo y ancho del planeta.

En tiempos de crisis tenemos que apostar por comportarnos fraternalmente al reconocernos como iguales. Una política económica que apueste por el crecimiento y la solidaridad, y no sólo por la austeridad, sería acogida mejor por los ciudadanos. Si los políticos europeos piden paciencia, los ciudadanos deben obtener atención a sus necesidades.

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