Jueves 24.09.2020 - 12:14

Los cardenales y el PRD

Los cardenales y el PRD
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El cardenal Ernesto Corripio Ahumada fue un caso excepcional en la Iglesia mexicana.

Mantuvo una posición de dignidad y firmeza ante los intentos de control que quería establecer el representante del Papa, en ese entonces el nuncio Girolamo Prigione.

Corripio Ahumada siempre tuvo una idea nacionalista del papel de los católicos y en particular del clero mexicano.

En 1985, después del terremoto, Corripio Ahumada se comprometió con la reconstrucción de las zonas afectadas en la ciudad de México. Gracias a su intervención fue que se tuvo una supervisión adecuada de las donaciones.

Hay múltiples documentos al respecto. Es más, la participación del cardenal evitó que se perdiera el dinero y fuera a engrosar el bolsillo de políticos que años después saltarían a la fama, y no por buenas razones.

En 1992 el cardenal fundó el departamento de Derechos Humanos de la Arquiócesis de México. Desde ahí se hicieron denuncias y defensas importantes.

Conocí al cardenal por aquellos años. Era una persona inteligente y comprometida con su propia historia. Sobrellevaba las presiones sin mucha alharaca y sabía que su responsabilidad era grande.

El PRD eligió un mal blanco. Corripio Ahumada fue uno de los jerarcas católicos más respetados e importantes de la historia reciente.

Víctor Hugo Romo, el diputado local que difamó la memoria del cardenal al decir que tuvo un hijo, lo que es una completa mentira, es un ejemplo de lo que ocurre en la izquierda mexicana.

El diputado Romo por desgracia no es la excepción sino la norma en un partido en el que no importan los méritos ni la formación y se escala por la influencia de corrientes y grupos de presión.

Romo es el ejemplo de lo que no debería ser un representante popular y padece lo mismo que condena: una falta de cultura escandalosa.

Tampoco me extrañaría que parte de la fobia de algunos perredistas en contra del cardenal Corripio tenga que ver con la corrupción. Hay que recordar que la Iglesia les impidió, a los que eran líderes vecinales, el apropiarse de los recursos que tenían que ser canalizados a la construcción de viviendas. En otros casos los líderes y maestros de Romo manejaron el dinero y hoy las viviendas se están cayendo.

La memoria de Corripio Ahumada, quien murió en 2008, es superior a la ignorancia de sus críticos.

Tonterías como las de Víctor Hugo Romo sólo sirven para posponer discusiones serias sobre la tolerancia y la modernidad.

Es curioso, a otros cardenales sí los procuran los perredistas. Recuerdo que Andrés Manuel López Obrador era un defensor contumaz del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, un claro representante de la ultraderecha. Ni hablar.

juljard@yahoo.com.mx

agp