Los que murieron

Los que murieron
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En el fallido rescate de la señora Yolanda Cevallos Coppel no sólo murió ella, sino también los dos altos mandos del Grupo Especial de Reacción e Intervención (GERI), entrenados en Estados Unidos e Israel. La muerte de esas tres personas valiosas para la sociedad pudo evitarse con un poco de coordinación.

A los elementos del GERI los enviaron al rescate bajo las órdenes de la Fuerza Antisecuestros (FAS), manejada por policías de la vieja guardia de la Procuraduría capitalina, esa nomenclatura intocable que ahora, después de la tragedia, ha comenzado a descabezarse.

Nada le devolverá la vida a la señora Cevallos Coppel, ni a Carlos Julio Rincón Juárez, comandante del GERI, ni a José Antonio Moreno Sánchez, jefe de grupo del GERI. Pero por lo menos que su sacrificio sirva para separar la paja del trigo en la Procuraduría.

El comandante Rincón Juárez fue entrenado en manejo de crisis por el FBI en Estados Unidos. Sabía, pues, controlar una situación como la que ocurrió a las dos de madrugada del viernes 3 de julio.

Pero no fue él quien condujo el operativo. Es más, el comandante Rincón y demás miembros del GERI ni siquiera sabían a dónde los llevaban.

Si Rincón hubiese comandado el rescate, no habría procedido como hizo el comandante de la FAS, que abrió la puerta de la casa de seguridad de los secuestradores y la aventó con la orden de “entren” a los miembros del GERI.

El cabecilla de los secuestradores, El Iván, al despertar con el ruido de los coches y el azote de la puerta, se desesperó y mató a su víctima de tres tiros en la espalda.

Al verse perdido se suicidó con un balazo detrás del lóbulo de la oreja derecha.

El jefe de grupo del GERI, José Antonio Moreno Sánchez, se graduó en Tácticas Operativas Especiales en Estados Unidos, y por ello sabía muy bien que los agentes debieron estacionarse a dos cuadras del inmueble, para evitar ruido, y no enfrente, como lo hicieron las FAS, encabezadas por quien hasta ayer era su jefe, Juan Maya.

Desde ahí abrieron fuego y de manera imprudencial mataron a los comandantes Rincón Juárez y Moreno Sánchez, que llevaban la misión de entrar a la recámara donde estaba amordazada y atada Yolanda Cevallos Coppel.

En síntesis, los policías capacitados para un rescate, entrenados por las mejores corporaciones del mundo, fueron muertos por el fuego de sus propios compañeros de corporación.

Nadie dice, ni siquiera se insinúa, que los miembros de las FAS hayan disparado deliberadamente sobre sus compañeros.

Pero la falta de preparación y el exceso de confianza de la Fuerza Antisecuestros fue clave para que el rescate terminara en tragedia.

Con la vida de los secuestrados y de los policías no se juega. Y eso, lamentablemente, fue lo que ocurrió esa madrugada del 3 de julio.

phl@3.80.3.65

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