Madrid a la izquierda

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Por:

Julián Andrade

Hace ya algunas décadas en Francia se experimentó, por primera vez, la cohabitación.

Los socialistas franceses perdieron la mayoría y el presidente Françoise Mitterrand tuvo que formar un gobierno con la derecha, nombrando primer ministro a Jacques Chirac.

La Constitución reserva, como facultades exclusivas del primer mandatario, las relaciones internacionales y la defensa del país.

Con eso tuvo que navegar Mitterrand por algunos años, buscando equilibrios y dotando al ambiente de la estabilidad necesaria para la gobernabilidad.

La “fuerza suave” que caracterizó a su forma de ejercer el poder se transformó, por momentos, en un juego de sobras, pero también de alta política.

Chirac, por su parte, colocó su agenda y a su equipo, dando paso a uno de los experimentos más interesantes de la Francia moderna.

En España las elecciones del domingo arrojaron un mandato claro, aunque no sencillo: pactar para formar gobiernos.

El bipartidismo que imperó ya es cosa del pasado, y la nueva realidad indica que las formaciones ciudadanas llegaron para quedarse, con todo lo bueno y lo malo que ello implica.

El tema es muy claro en Madrid, donde el Partido Popular (PP), que fue el más votado, no cuenta con la mayoría suficiente para gobernar, o tendría que abrirse a un acuerdo con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), lo que se antoja difícil.

La abanderada de la derecha, Esperanza Aguirre, está al borde del precipicio discursivo e inclusive afirmó que se encuentra en riesgo el modelo de democracia occidental. No es para tanto.

La candidata de Ahora Madrid, Manuela Carmena, con el apoyo socialista, será quien despache los asuntos de gobierno y devuelva a la izquierda una alcaldía que dejaron hace 24 años.

Algunos ven riesgos en ello porque quienes provienen de Podemos carecen de un programa claro y no se han despegado de una cierta seducción por el populismo.

Será una prueba y para salir airosos tendrán que hacer un gobierno realista y sin sobresaltos.

El veredicto de los electores no es un cheque en blanco para nadie, y más bien anticipa un periodo en el que la política tendrá que utilizarse de modo cotidiano.

Para los grandes partidos, el PP y el PSOE, la lección es muy dura. Si bien conservaron clientelas y porcentajes que los mantienen como piezas clave, las cosas están mutando.

La lectura que hagan será esencial para su futuro. Quien se equivoque entrará en un prolongado periodo de degradación, como ocurrió, por cierto, al Centro Democrático, el de Adolfo Suárez, el primer presidente de la democracia.

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