Sábado 19.09.2020 - 00:45

Notas sobre la definición del concepto de populismo

Indignación y transformación
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La literatura académica sobre el populismo es enorme y crece todos los días. Una rápida revisión de este conjunto de textos nos lleva a dos conclusiones.

La primera es que el concepto de populismo no se deja definir con facilidad; es un concepto rebelde. Esta dificultad surge por varias razones. Una de ellas es que el populismo no cae dentro de la dicotomía tradicional entre derecha e izquierda con la que se pensó la política durante el siglo XX. El populismo puede inclinarse hacia la izquierda o a la derecha o adoptar elementos de ambas.

 

Los conceptos clave del populismo no son los que describen la realidad futura a la que ella aspira, sino los que describen la realidad presente que ella ataca

 

Frente a esta dificultad encontramos dos posiciones extremas. La primera es la de imponer una definición. El problema con ello es que una estipulación conceptual resulta poco útil para comprender el complejo fenómeno del populismo. La segunda reacción es darse por vencido y proponer que lo mejor es abandonar el concepto. La palabra “populismo”, se dice, debe ser sustituida por otras que nos permitan entender mejor las realidades políticas. El problema con este recurso es que abolir el concepto tampoco parece ayudar a la comprensión de los fenómenos sociales, por el contrario, nos deja sin una herramienta que ha probado ser útil, aunque imprecisa, para el trabajo hermenéutico.

En este escenario me parece que lo preferible es buscar una posición intermedia entre la definición a ultranza y la eliminación. El concepto de populismo parece ser lo que Ludwig Wittgenstein llamó un concepto de “semejanza de familia”. Lo que quería decir Wittgenstein con esta fórmula es que hay conceptos que no tienen una definición precisa, exacta, pero que no por eso dejan de ser útiles e incluso indispensables. Estos conceptos se pueden usar correctamente de varias maneras, ya que entre estos usos hay ciertas semejanzas, como las que se encuentran entre los miembros de una misma familia: acentos, tonos, giros, reminiscencias, coincidencias.

[caption id="attachment_738697" align="alignnone" width="696"] El gobierno de Nicolás Maduro ha sido considerado como gobierno populista en Sudamérica[/caption]

Un corolario de lo anterior es que el término “populismo” siempre debe examinarse dentro de un contexto de uso particular. El significado de la palabra no puede abstraerse de los entornos específicos en los que se utiliza. De esa manera, cuando se estudia el populismo en México, por ejemplo, hay que tener cuidado de no entenderlo a partir de los experimentos populistas que han tenido otros países latinoamericanos, como Brasil, durante el gobierno de Vargas, Argentina, con el peronismo o Venezuela, con Chávez y ahora con Maduro. Cada caso es distinto, aunque las coincidencias sean significativas.

La segunda conclusión a la que podemos llegar con la revisión de la literatura académica sobre el populismo es que se trata de un concepto cargado y que esa carga, por lo general, es negativa. Decir que alguien es populista equivale a un reproche, casi a una ofensa en algunos círculos.

Quienes simpatizan con el populismo han intentado dos estrategias frente a esta carga negativa. La primera es realizar una inversión valorativa: el populismo, afirman, no es algo negativo, sino positivo. Ésta es, por ejemplo, la intención de una de las obras centrales sobre el tema, La razón populista, de Ernesto Laclau. La segunda respuesta coincide con una de las propuestas anteriores: eliminar el concepto de populismo del vocabulario político. Pero mientras que en el caso anterior la propuesta surgía de la dificultad aparentemente insuperable de definir el concepto, en este caso se trata de una estrategia política para ocultar el proyecto populista detrás de otros conceptos con menos carga negativa, como los de “justicia social” o “democracia directa”.

 

El populismo necesita un pueblo enfrentado a un anti-pueblo. Por ello se le ha descrito como una condición de movilización social permanente. El populismo nunca puede descansar janzas

 

Esta segunda estrategia no funciona por una razón muy reveladora. Los conceptos clave del populismo no son los que describen la realidad futura a la que ella aspira, sino los que describen la realidad presente que ella ataca. Esos son los conceptos con mayor carga: corrupción, partidos políticos, oligarquía, privilegio, explotación, neoliberalismo, globalización, mentira, traición, extranjero. Quizá por eso el populismo es tan difícil de definir, porque pone más peso en lo que ataca que en lo que defiende. El populismo necesita siempre de un enemigo, de otra manera su realidad se disuelve en los conceptos positivos que no maneja con soltura. El populismo necesita un pueblo enfrentado a un anti-pueblo. Por ello se le ha descrito como una condición de movilización social permanente. El populismo nunca puede descansar.