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JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Fernando Escalante Gonzalbo

The Guardian ha hecho que Christine Lagarde, la directora del FMI, sonara verdaderamente como matón de una novela de Raymond Chandler: “A los griegos les digo: ¡llegó la hora de pagar! Y no me dan ninguna pena”. Para afearles su falta de entereza, con tantas protestas, les dijo que a ella le preocupan más “los niños de los pequeños pueblos de Níger”. Y cerró el asunto como cualquier periódico amarillista alemán: “Cuando pienso en Grecia, pienso en todas esas personas que tratan de evitar los impuestos todo el tiempo. Y les sugiero que se ayuden a sí mismos, que paguen sus impuestos”.

Suena de lo más razonable. Feo de decir, pero razonable. Después de todo, ¿por qué no habrían de pagar sus impuestos los griegos, después del fiestón que se dieron?

Veamos. El truco —porque es un truco— está en hablar de “los griegos”.

Los griegos que gastaron más de la cuenta, los griegos que no pagan impuestos, los griegos que ahora tienen que pagar… Bien: detrás de esa abstracción, “los griegos”, hay una estructura económica concreta, que beneficia a unos en detrimento de otros. La mediación de esa estructura distribuyó los beneficios en los tiempos de bonanza, de modo que prácticamente la totalidad del crecimiento de la riqueza fue a parar al uno por ciento de la población con mayores ingresos. Esos fueron los de la fiesta, mientras los demás tenían que endeudarse —para llegar a fin de mes. ¿Y los impuestos? Pues resulta que ese uno por ciento ha visto reducirse su tasa impositiva durante las últimas décadas, lo mismo que las empresas, mientras se mantenían o aumentaban las cotizaciones para la seguridad social, por ejemplo. Ese uno por ciento además, lo mismo que sus empresas, tiene el dinero en paraísos fiscales —para ahorrarse todo.

Es decir, que no se trata de “los griegos”, sino de la estructura económica y el régimen fiscal, y el sistema financiero internacional, y sus consecuencias sobre la sociedad griega. La señora Lagarde lo sabe perfectamente.

¿Y los niñitos de Níger? También es verdad que le preocupan un poco. El FMI acaba de firmar una ampliación de crédito de casi 118 millones de dólares para Níger. Sujeto a algunas condiciones, por supuesto: reducir el déficit público, aumentar los ingresos, contratar deuda sólo para proyectos financieramente rentables, y crear un “mejor clima para la inversión”, que consiste en reducir el impuesto a las empresas (de 35 a 30%) y eliminar el límite al reembolso a crédito del IVA para los exportadores. Y alguna otra cosilla, como revisar la legislación sobre inversiones, y los marcos de asociaciones público-privadas para el sector energético y del agua. Tarde o temprano, gracias a la inversión extranjera para la explotación del uranio, los niñitos de Níger serán felices. Eso sí, después del fiestón, a “los nigerinos” les llegará la hora de pagar —y estoy seguro de que no le darán ninguna pena a la señora Lagarde.