Politica sin brujula

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Valeria López

Sostiene el conocido adagio que “quien no sabe a dónde va, no sabe a dónde llega”. Sabemos que es complejo alcanzar la meta sin un plan, sin coordenadas, sin sentido, sin principios. El destino, especialmente el político, tiene que construirse y orientarse, pues el absurdo acecha como la sombra de la razón y el capricho se confunde fácilmente con la voluntad.

Editorial Taurus ha reeditado, 20 años después de la primera aparición del libro, Derecha e Izquierda, de Norberto Bobbio; texto toral para el análisis político y la comprensión de la democracia contemporánea.

En él, el autor se pregunta si tras la caída del muro de Berlín todavía es posible caracterizar a la política en términos de derecha y de izquierda o si se trata de viejos corsets que lejos de estructurar sólo consiguen asfixiar a los gobiernos y a los ciudadanos.

Durante muchos años, para los actores políticos fue motivo de orgullo decir “soy gente de izquierda” o “soy de derecha”. ¿Tuvieron algún sentido estas afirmaciones hace veinte años? ¿Lo tienen ahora? ¿Tales posicionamientos ofrecen más información que decir “soy capricornio con ascendente en leo”?

El extraordinario prólogo escrito por Joaquín Estefanía señala algo que suele inquietar a los analistas políticos: hay ciertas anécdotas que se convierten en hitos, mientras que hay sucesos grandilocuentes que no superan la coyuntura. Parece que pesan más el olfato y la intuición que las coordenadas —como derecha e izquierda— para estructurar los hechos históricos.

Y esto resuena a lo largo y ancho de Latinoamérica.

Sencillamente, no atinaría a señalar las actuales coordenadas políticas cubanas; me ofendería pensar que la izquierda latinoamericana es sinónimo del actual gobierno en Venezuela, por ejemplo. Todavía más, la frase “saluda con la izquierda y cobra con la derecha” o “exige militancia de izquierda y ofrece privilegios de la derecha” muestran el sinsentido de la política mexicana.

No me detengo a analizar las posiciones de los partidos políticos, que ignorándolo todo —tratados, convenciones internacionales, idearios— se ajustan al tono de las encuestas y venden su rostro a la parafernalia electoral, aunque en ello comprometan los principios —de derecha o de izquierda— de sus partidos.

¿Se puede ser ambidiestro en política? Pienso que no. El riesgo está en convertirse en café descafeinado, en vino de tetrapak o en cerveza sin alcohol; alguien a quien no se le ven los compromisos ideológicos por ningún lado: un zombi, un cadáver, una anécdota prescindible de la historia.

Para ser hito político importan los ideales políticos, de derecha o de izquierda, pero ideales comprometidos.

La política, las personas, las instituciones, necesitan brújulas y principios. Las primeras para saber a dónde van; los segundos, para saber por qué van en esa dirección.

politicaltriage.razon@gmail.com

Twitter:@ValHumanrigther